viernes, 4 de abril de 2014

SE EDUCAN SOLOS

https://seeducansolos.wordpress.com/category/arno-stern/ ( COPIADO DE ESTE BLOG. GRACIAS  )

Condiciones de la educación creadora: vídeo septiembre 11, 2012

En estos vídeos se puede ver la charla que abrió el curso de formación en Educación Creadora que se impartió en Diraya entre los días 26 de agosto al 2 de septiembre del 2012. Son 5 partes de 10  minutos cada una:






He leído: Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, de Arno Stern mayo 22, 2012

Este libro nos dio una gran alegría cuando se publicó, en el 2008, porque no había ninguno reciente de Arno Stern en español. Pueden encontrarse más títulos en otros idiomas.
El libro trata de la evolución que va siguiendo el dibujo desde la infancia y a lo largo de toda la vida: es lo que Arno llama la Formulación. Explica en qué consiste, qué pintan los niños y qué no, y porqué. De dónde viene, cómo evoluciona, qué condiciones tienen que darse para que no se destruya ese proceso.
El libro se le muy rápido y es ameno (o eso me parece a mí, porque ya sé de lo que habla). Tiene muchas fotografías, dibujos y esquemas que ilustran la explicación.
En cuanto al contenido, me parece básico, imprescindible para cualquiera que tenga algo que ver con la infancia o con el dibujo. Me queda la duda, de si sólo con la lectura del libro se puede llegar a comprender en qué consiste y qué condiciones necesita el dibujo infantil para crecer y desarrollarse. Es mucho lo que se intenta trasmitir, y no sé si se consigue sólo con la lectura del libro. La forma de ver el dibujo infantil (y la educación en general) es muy diferente a lo que hemos vivido y a cualquier otro enfoque que hayamos visto, por lo que no sé, si con la lectura del libro se puede llegar a comprender cómo funciona realmente el dibujo infantil.

Actividad educativa: pintar

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.
En qué no consiste esta actividad
La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.
Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.
El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.
Materiales:
Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.
Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.
Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.
Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.
Espacio y tiempo:
Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.
En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.
Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.
Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño
El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.
Qué hace el adulto
El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.
El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.
En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.
Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.
Esto se traduce en que el adulto:
- le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…
- cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…
- cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.
- da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…
- guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño
- no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.
- conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.
Qué no hace nunca
- hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,
- comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás
- enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.
- abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos
- ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo


Un ejemplo práctico:
En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.
Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.
Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.
Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.
Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.
Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.
Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).
Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.
Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.
Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.
Nunca hay comentarios sobre los trabajos:
- Ya está,
- Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?
- si, dame
No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.
Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:
Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.
Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.
Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.
Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.
Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.
Para saber más:
- En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías
- También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.
- El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

El origen del dibujo en el niño

Extraído del curso de formación de Educación Creadora (con modificaciones hechas por mí); del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 11
Hoy en día, la primera vez que un niño hace un dibujo es aún muy pequeño. Cuando los niños comienzan a ser capaces de coger un rotulador, sus manos tienen limitaciones motrices que no les permiten ejecutar la complejidad de movimientos que harán en 1 ó 2 años más adelante.
Si dejamos nuestra mano completamente relajada, veremos que a la hora de moverla, lo más sencillo es girar. Cualquier movimiento que hagamos así, con la mano “muerta”,producirá un giro. Y así, cuando un niño con estas limitaciones motrices dibuja, el trazo que deja en el papel es el rastro de ese giro. Es lo que llamamos torbellino. La fisionomía del niño, la mano, no le deja hacer otro tipo de movimiento, por eso todos los niños pequeños que comienzan a dibujar, hacen estos trazos.
Estos dibujos los conocemos todos, y los hemos visto miles de veces. Es lo que comúnmente se llama garabato. Arno quiso ponerle otro nombre a este trazo, porque garabato es una palabra que tiene connotaciones negativas, que viene a significar “algo mal hecho”.
El origen del dibujo infantil suele ocurrir por azar. Hoy en día hay papel y lápiz a disposición de todos los niños, pero esto puede ocurrir también con otro material: con un puré y la cuchara, con el vaho de la ventana…
Hay un momento azaroso en el que un niño establece una relación entre su movimiento y el trazo que queda, la marca que deja sobre la superficie en la que traza. Cuando establece esta relación le ocurre una cosa terrible: se siente capaz de transformar el mundo, le parece fantástico, se siente poderoso. En un descubrimiento muy grande para el niño, comprender que puede influir así en el mundo.

Después de hacer esto por azar, se pregunta si será capaz de repetir la hazaña, lo intenta y repite y se siente genial, y lo vuelve a repetir una y otra vez, proporcionándole un enorme placer y seguridad, y creyendo que es capaz de cambiar el mundo. Este hecho tan simple y sencillo le produce una alegría inmensa y un gran placer.
Esta alegría normalmente nos la quiere comunicar, la quiere compartir con quienes le rodean. Pero no hay que confundir en este momento la alegría que siente y que nos quiere comunicar, con lo que encuentra en los adultos que le acompañan, que en la mayoría de los casos suele ser un juicio sobre lo que ha hecho, sobre su trazo.
Cuando un niño va por la playa, andando sobre la arena, dejando huellas, y mira feliz a su madre, no está esperando que le digan “qué huellas tan bonitas estás dejando”. No espera absolutamente nada. Comparte su alegría con su madre.
Cuando un niño hace su primer torbellino, junto a él habrá alguien que sistemáticamente le dirá “¡qué bonito!”. Sólo con este primer “qué bonito” se le condiciona. Pero lo cierto es que no solo se les dice esto: no se dice qué bonito, sino “qué bonito, ¿qué has querido hacer?”.
Cuenta la anécdota de una niña de 3 años, que lleva a su cuidadora de guardería un dibujo. La profesora le dice “¡qué bonito!” y la niña y lo rompe enfadada llamándola mentirosa: –¡he hecho feo este dibujo a propósito, y tú vas y dices que es bonito, eres una mentirosa!-.
La gente dice que es muy bonito pero no dicen la verdad. Si de verdad les pareciera una maravilla, un obra de arte, algo valiosísimo, los enmarcarían, les darían un valor. Hasta en las escuelas alternativas se dejan los dibujos tirados por el suelo, pisoteados.
El primer mensaje que le enviamos al niño que comienza a pintar son es el de la hipocresía. Y el segundo: el niño entiende que tiene que pintar para los demás, que lo que pinta tiene que gustar a los que le rodean. Al alabarle así su dibujo, lo que entiende es que el objetivo de pintar es producir algo que a los demás les parezca bonito. A los demás tiene que parecerles bonito mi dibujo, y encima me tienen que entender lo que pinto, tienen que reconocer algo en él.

Cuando un niño te lleva un papel con un torbellino, quiere ser aceptado, quiere que lo quieras. El niño necesita sentirse querido. El niño se siente obligado por nosotros, por nuestras preguntas, por lo que le hemos condicionado, a dar nombre a lo que ha hecho y se lo inventa. Cuando le preguntamos a un niño por su dibujo, nos contesta lo que queremos oir, porque le hemos condicionado para ello. Cuando le preguntamos qué ha pintado, no puede contestarnos que ha hecho un trazo que viene determinado por su código genético, que no está dirigido a nadie, que no representa nada y que no intenta reproducir la realidad, no puede responder que solo es el principio de un juego, el juego de pintar. Se inventa una respuesta que encaje con lo que el adulto espera oír: un sol, una anémona, una batalla, un perro, niebla, un cohete…..,
Con nuestra forma de actuar, con nuestra mejor intención y con todo nuestro amor, cuando el niño comienza este proceso, le desviamos de su proceso natural y le condicionamos. Le fastidiamos su juego en cuanto empieza. Le anulamos su juego. Le enseñamos a entender su dibujo desde una perspectiva que no le va a dejar que lo desarrolle tal y como está programado.
 

El juego de pintar febrero 29, 2012

Para los niños, pintar es un juego.
Un bebé que pinta, juega a dejar una huella en el papel. Igual que cuando está tumbado juega a mover brazos y piernas. Y igual que cuando habla, juega a hacer sonidos. Esta huella que deja está limitada por sus movimientos: un bebé tiene limitaciones motrices que le llevan a condicionar sus movimientos.









Cuando es más mayor, supera sus limitaciones motrices y controla más el trazo. Puede hacer otro tipo de figuras que va combinando entre sí. Juega a poner unos puntos por aquí, ahora un giro rápido, y más allá un círculo. Y cuando juega con juguetes lo que hace es sacar cosas, meter, ordenar, cambiar cosas de sitio, poner y quitar.



















Cuando crece un poco más, crece también su capacidad de abstracción. Su juego también crece, evoluciona, cambia. Ahora juega con una caja de cartón, y juega a que es un coche, y juega con una manta a que es una capa, y juega con una mesa a que es una cueva, y juega con un muñeco a que es un bebé. Todos estos juegos, parten del niño, y no tienen ninguna finalidad. Juega porque sí. No juega para representar una historia bonita, ni intenta reproducir la realidad. No espera la aceptación de nadie, porque no la necesita. No juega para los demás.
A la hora de pintar, este niño sigue jugando: coloca un cuadrado como si fuera una casa, un círculo como si fuera un árbol y una cruz como si fuera un personaje. Pero entonces se acerca un avión que dispara, y tra tra tra tra…. dibuja un montón de puntitos por todo el trabajo a modo de disparos. Ahora continúa jugando con esas huellas, con los mismos trazos que antes hacía, pero ahora hace como si fueran otra cosa: traza un rectángulo y juega con él a que es un personaje, traza un círculo y juega a que es la cabeza… Ahora ya puede darle un significado a su trazo, cosa que antes no hacía. Antes trazaba una figura radial. Ahora traza una figura radial y hace como que es el sol.
Es el mismo juego en los dos casos, un juego que no está destinado a nadie, que no necesita de la aprobación de nadie, que tiene finalidad en sí mismo. Su finalidad no es en ningún caso hacer un dibujo bonito. El juego es una actividad completa en sí misma. No se juega para hacer cosas bonitas, no se juega para los demás. Se juega porque es una necesidad.


Si el niño sigue creciendo y puede seguir jugando, su juego continuará creciendo, cambiando y evolucionando. Ahora ya, coge la misma caja de cartón y le dibuja una puerta y ventanas. También le pega unos tapones de plástico para hacer de ruedas y seguir jugando como que es un coche. Sigue usando una manta para hacerse una capa, pero además se busca algo con lo que jugará a que es un sombrero. Y se sigue escondiendo debajo de la mesa para hacerse una cueva, pero dentro pondrá unos muñecos, fuera de la cueva le esperará su caballo, y a la cueva le pondrá unas paredes hechas con las sillas. El juego crece, se complica más y más, pero sigue siendo un juego. Y por más detalles que añada, por mucho que crezca y se complique su juego, sigue sin estar destinado a nadie. No juega para los demás.
Y a la hora de dibujar, al juego le pasa lo mismo, va creciendo y cambiando. Continua combinando los trazos que conoce, de forma más y más compleja, añadiendo más y más detalles, creciendo y evolucionando. Pero las condiciones de su juego continúan siendo las mismas.






El juego de pintar no termina nunca. Este proceso, este juego no se detiene. Todo el mundo puede jugar a pintar con la misma pasión que un bebé, pasándoselo tan bien como un niño pequeño. Y los trazos, no dejan de cambiar y evolucionar, adaptándose al juego de pintar de cada persona.
En nuestra sociedad este juego apenas se ve. Muy pocos niños pueden jugar a pintar, porque los adultos que les acompañamos no les dejamos. Somos los adultos los que les hacemos ver, con nuestra mejor intención, que se dibuja para crear una obra que guste a los demás. El juicio (muy bonito) sobre un juego, lo destruye. Hace que el juego no sea posible. Por eso, porque no entendemos el dibujo como un juego, porque creemos que la pintura es un don que tienen solo unos pocos, porque adultos que dicen que no saben pintar enseñan a niños, porque creemos que se pinta con el objetivo de crear algo para los demás, por todo eso en nuestra sociedad, los niños abandonan el dibujo, y la inmensa mayoría de los adultos nunca pintan porque sienten que no saben dibujar.

domingo, 30 de marzo de 2014

Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma…

 http://www.revistasomos.cl/2013/10/roberto-cabrera-escritor-y-docente-de-la-realidad-al-alma/
SOMOS HALLAZGOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2013

Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma…

Una nueva lucidez recorre el orbe. Es el boom de la consciencia. Y emergen voces simples y corajudas que invitan a aligerar la vida, legitimando la propia experiencia. SOMOS dialogó con el escritor y docente chileno Roberto Cabrera Olea, frecuente colaborador de nuestra revista.

La suya es una palabra prístina e inspirada. Una voz que habla desde el interior. Sostiene que vivir “es un jueguito más fácil de lo que creemos” y aboga por un pacto con uno mismo para cambiar el mundo. Para él, la transformación social no va por las anchas alamedas, sino por los íntimos pasadizos de las decisiones personales. Afirma que primero hay que abrazarse uno mismo con aceptación y confianza para luego compartir con un otro. Su propuesta parece neoliberal, pero dista de serlo: plantea “rebalsarse” de autoamor y “chorrear” a quienes nos rodean.
- Llama la atención eso tuyo tan poético…
- Tiene que ver con cómo siento, con la capacidad de sentir. El arte, la música, la literatura han estado muy fuerte en mi formación. Además, parte del trabajo conmigo mismo ha sido poder romper el deber ser de una determinada manera para transitar hacia la autenticidad y sentirme más cómodo siendo. En ese sentido, la prosa poética me acomoda; es un género escritural libre, que me permitió escribir mi primer libro sin filtro. Me conecté profundamente. Escribí con corazón, emoción, sentimiento. Me sentí vibrante…
- Escribes ahí: “Soy entreabierto y redondo, silencioso y poeta como todos…” ¿Somos todos poetas?
- Sí. Ocurre que no lo recordamos. El poeta avista lo esencial, marca el camino de la realidad al alma, como dice Walt Whitman. El poeta siente, busca y propone conexiones nuevas para compartirlo. Recordar (re-cordis) significa, en su etimología, volver a conectar con el corazón.
Nuestros conflictos vitales tiene su origen en una lectura negativa que tenemos con nosotros mismos.
- En tu libro dices que naces dormido… Eso de dormirte, ¿fue un mecanismo de sobrevivencia?
- Creo que es algo que nos pasa a todos. Uno nace abierto y conectado, pero el temor de manifestarnos en contacto con el corazón en un mundo que no vive así nos hace irnos para atrás y olvidar, porque es amenazante. Así, nos vamos condicionando y replegando nuestra esencia. Es curioso: el amor, aquello que nos puede dar más vida, más tranquilidad, mayor plenitud, es lo que nos amenaza. Me refiero a cuando nos retiramos de nuestra genuina presencia.
- ¿Cuál fue tu amenaza?
- El mundo me violentaba fácilmente porque percibía mucho. Fue no poder vivir en el mundo como los demás. Me costaba hablar, relacionarme. Me oculté a tal punto que se me olvidó quien era. Me sentía aislado. Cultivé una sensación de soledad muy fuerte. E intenté aprender a vivir como viven los demás; necesitaba sentirme bienvenido y acompañando. Construí una herramienta para funcionar y entré en el mundo con un costo emocional grande… Esa herramienta es un personaje que uno se inventa para pertenecer y funcionar, lo que me llevó a una depre muy fuerte.
- Háblame de tu personaje…
- Era el artista maldito que tiene que sufrir para crear. Uno puede replegar lo que siente, pero no puede matarlo. Yo soy muy sensible, abierto, y mi alma quería manifestarse. Sin embargo, mi personaje estaba en el juego de pertenecer, uniformarse, funcionar, moldearse, y ahí se armó un cortocircuito. Luego me di cuenta que no necesitaba sufrir. El sufrimiento consistía justamente en intentar modelarme de determinada forma para estar en el mundo. Ahí dije: “¡No más!” La posibilidad de poder vivir pleno era más cercana si me conectaba conmigo, no si intentaba aprender a vivir en el mundo.
Para Roberto Cabrera Olea nuestra auténtica libertad es salirnos del juego del sometimiento, dejar de ser víctimas y de regalar nuestro poder.
Para Roberto Cabrera Olea nuestra auténtica libertad es salirnos del juego del sometimiento, dejar de ser víctimas y de regalar nuestro poder.

Pacto personal

- ¿Y cuándo comenzaste a ser tú mismo?
Profe de la nueva era  Egresado del magíster en Ciencias Sociales y diseñador gráfico de la Universidad Arcis, Roberto Cabrera Olea es maestro de reiki e instructor de meditación de un conocido centro de formación técnica. Autor de Ser Imagen (2005) y A hiena sin presa se le caen los dientes (2012), actualmente reparte su tiempo entre la enseñanza a jóvenes terapeutas y su trabajo de diseñador de la Revista del Campo del diario El Mercurio. Asimismo, aporta con frecuencia colaboraciones para SOMOS.
- Escribir me permitió contactarme con mi ser más esencial, pero no creo que uno pueda ser uno mismo todo el rato. Lo bonito es que ahora puedo reconocer que construí cierto personaje. Lo veo y a veces me entrego a él, aunque me sienta un poco apretado. Es que a ratos no puedo estar totalmente conmigo.

- Cuéntanos, ¿qué pasó al escribir?
- Sentí nostalgia, dolor y culpa de haberme dejado de lado, olvidado…; de haber dañado a otras personas. No es que haya sido un maldito, pero no era yo quien estaba parado ahí. Comencé a sentir la vida de otra manera, me inicié en reiki. Volví a sentirme, a acordarme de mí. Recordar, por ejemplo, la capacidad de amar, de conectar con las personas, de intuir cosas, de sentir claridades; comencé a vincularme con personas muy libres, formas de estar que me hacían mucho sentido.
- Construyamos tu manifiesto…
- Ok. Estamos acostumbrados a hacer convenciones, y seguimos con el mecanismo de creer que tenemos que enfocarnos hacia nuestro entorno y transformarlo. Propongo que dejemos de hacer acuerdos afuera para cambiar el mundo. El planeta va a cambiar por resonancia cuando nos conectemos con nosotros mismos y tomemos una decisión.
Y no se trata de no denunciar o desnudar a quienes oprimen, sino de no esperar necesariamente un cambio en ellos. Somos nosotros quienes tenemos que hacernos cargo de la transformación global partiendo por una escala humana, pequeña y cotidiana. Mi planteamiento tiene que ver con transitar desde un pacto social a un pacto individual.
- ¿Con quién es ese pacto?
- Es con uno, pero no con el personaje de uno. Nuestros conflictos tienen su origen en una lectura negativa que tenemos de nosotros mismos. Rechazamos una parte nuestra o no se nos permite manifestarla cuando tenemos conflicto con esa parte. Hay que tener la valentía de entrar en lo que no nos gusta o no queremos ver. Eso es valentía. Tiene que ver con nuestra percepción. Replicamos nuestros fantasmas. Es una creación necesaria para darnos sentido. Hay que abrazar eso incluso cuando se reedita en la actualidad.
- ¿Somos buscadores de sentido?
- Buscar es, por definición, una trampa. Cuando uno busca, hay algo que nos falta y nos quedamos en la carencia. Así, confundimos búsqueda con reconocimiento. Si reconozco mi patrimonio existencial me siento completo con todo lo que soy y con todo lo que creo no ser. Y cuando uno se va completando, se va transformando en un ser amoroso. Es entender que la lucha no es afuera.
Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma… Hay que dar vuelta el espejo. Me veo y veo que el cocreador de las circunstancias que vivo soy yo. Reconozco que el que estoy mirando en el espejo es quien participa generando mi situación. Es, de alguna forma, ver a Dios. Los monstruos y fantasmas son creaciones necesarias para darle sentido a nuestra percepción del mundo que creamos y, más encima, replicamos afuera, y comprobamos que es así todo el tiempo. Hacemos resonar afuera lo que tenemos adentro.
El tema es aceptar esos monstruos como hijos y abrazarlos. Es lo que uno hace con los amigos. Le dices: “Tranquilo, que esto va a pasar…” ¿Por qué no podemos hacerlo con nosotros mismos? Y esa falta de autoamor, autorreconocimiento y autocobijo es lo que nos lleva a tener conflictos afuera. Estamos pidiendo que desde afuera se nos entregue algo, y nadie tiene ninguna responsabilidad frente a nuestra vida. ¿Por qué necesitamos modificar el afuera?
- ¿Qué implica conquistar el interior?
- Implica tomar una decisión. Y el punto de partida es la automaestría. Estar alerta a esas experiencias e inspiraciones que necesitamos para generar una propia forma de vida de acuerdo de lo que estamos sintiendo.
Somos únicos e irrepetibles. Es encontrar las propias respuestas, encontrarse con la sabiduría propia, sentirse, aceptarse, quererse, sostenerse amorosamente, darse cuenta.
- O sea, poner consciencia…
- Absolutamente. Cuando uno se va encontrando consigo mismo, se comienza a escuchar y a ser consciente de sí mismo. Comienza a validar sus propias respuestas. Comienza a conectarse con lo que lo hace vibrar. Ahí uno se está acercando al origen, que es uno mismo.
(Fotografía: Angélica Guerra)
(Fotografía: Angélica Guerra)

Ser sin propósito

- ¿Necesitamos cambiar realmente?
- Es una buena interrogante. Necesitamos dejar de poner la atención en el cambio mismo. La transformación va a suceder cuando aceptemos lo que nos daña o perturba. El cambio, rechazando lo que somos hoy, no funciona. Si aceptamos nuestras condiciones, todos nuestros lados, lo que nos constituye, ya estamos en ruta amorosa al cambio.
Sentientendimiento  En sus libros, Roberto pide préstamos lingüísticos y crea neologismos. Uno de ellos es su concepto de “sentientendimiento”, que une sentimiento y entendimiento en un lazo integrador e indisoluble. Él explica: “Me refiero a esas comprensiones que se perciben, se sienten corporalmente, no son un puro acto de entendimiento mental”. Y plantea que en estos tiempos no queda más que conocer, entender y aprender desde el centro del corazón.
El sufrimiento aparece cuando emerge el rechazo, la ignorancia. Sientes que no entiendes y que es algo externo que no provocaste. Es comprender por qué te llegó ese dolor, abrazando eso displacentero un ratito. Eres responsable de tu circunstancia… No hay castigo ni premio, sólo una nivelación energética.

El asunto es hacernos cargo de cómo portamos nuestra situación y poner consciencia en cómo participamos en ella. Pasa mucho con las parejas – la gran escuela- que de pronto dejas de dar amor y comienzas a pedir. El otro no tiene que hacerte feliz… ¡sólo tiene que ser! ¡Ser él o ella misma!
- ¿A qué vinimos?
- El propósito es dejar de encontrar algo específico adonde llegar. “¡Quiero estar mejor!” Eso es muy tramposo. Estamos rechazando y perdiendo la oportunidad de algo. No perdernos el momento presente. Este es un camino maestro. Quien se atreva a realizar una experiencia humana tiene que ser muy valiente. El tema de la libertad no tiene que ver con el espacio que nos rodea. Es muy fácil sentirnos atrapados, aburridos o agotados, y no querer más, sentir que el mundo está mal. Se puede lograr una realización completa en un cuerpo humano.
Estamos invitados a vibrar alto, pero la resistencia nos tiene anclados. Vinimos a jugar. A vivir el misterio y recordar y asombrarnos. El poeta se asombra. El asombro es energía de vida. Vinimos a vivir experiencias. Vinimos a ser… sin propósito. ¿En qué nos afirmamos? En ser, ni bueno ni malo ni nada. Vinimos a ser sin propósito.
La posibilidad de poder vivir pleno no tenía que ver con aprender a vivir en el mundo, sino con conectarme conmigo mismo.
- ¿Vinimos a ser sin propósito?
- ¡Me gusta y le encuentro mucho sentido! ¡Sí! Encarnar es venir a vivir experiencias sin propósito. Si, vinimos a ¡simplemente ser! Instalados ahí, todo cabe… Es legitimar lo que quieras vivir buscando la propia forma. No existen recetas. Por ejemplo, yo sólo quiero estar tranquilo. Reconozco ese estado y puedo decidir y luego hacerme cargo, sostenerlo. Sucede que tenemos miedo a sentir lo que somos y entregamos poder a otros, no a lo que sentimos y nos hace real sentido.
- ¿Cuándo el miedo se transforma en obstáculo?
- Cuando ya no es una señal de alerta, cuando nos gobierna. Y somos viciosos, adictos. Tenemos miedo a simplemente ser. Entonces nos entregamos a que los demás nos digan qué hacer. Me refiero, por ejemplo, a convenciones sociales. Así, seguimos ciertas convenciones para sentirnos queridos. Somos miedosos por falta de amor.
El antídoto, como siempre, es el amor. Y el mejor amor que podemos recibir es el propio amor. El que viene de afuera es un extra, un regalito. “Yo soy el que soy” es una frase que todos deberíamos decir. Desde ahí no necesitamos que nos aprueben. Si somos valiosos vamos a ver valor en el otro. Le entregamos poder a alguien y de vuelta le exigimos que se haga cargo. Si dejamos de entregar poder a las autoridades, nos encaminaremos hacia una sociedad sana.
Somos, sin la necesidad de la retribución ni el reconocimiento. La reciprocidad y el respeto por el otro se dan por rebalse de nuestro autoamor. No necesitamos dar las gracias. Es sentir gratitud sin objeto.
- Cuéntame de las secuelas del miedo…
- Comenzamos a ver que existe una presa y un predador. Hay algunos que se arrogan cierto poder, pero finalmente somos presas no de ese puñado de personas que gobierna la humanidad, sino de no ser conscientes. Somos presas de nosotros mismos. La peor secuela del miedo es intentar ser otro, ser algo distinto. Tener que ser algo que no somos. Eso es súper invalidante; nos desempodera. El daño que nos podemos provocar al querer ser otro es salvaje. No somos nada y tenemos que hacernos. Así perteneceremos, nos reconocerán.
Nos educan para ser otros, nos uniforman. Los mismos dichos de la domesticación durante la crianza son tremendos. Por ejemplo: “Apréndele a tu hermano”, “Por qué no lo puedes hacer igual que Juanito”. Y la ruta para volver a nosotros mismos puede ser larga y dolorosa. Para finalmente no intentar cambiarnos una vez más, sino encontrarnos y abrazarnos a nosotros mismos, tal como somos. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Thich Naht Hanh

Thich Naht Hanh

La gente, normalmente, corta la realidad en secciones y la divide en compartimientos, y de esta manera son incapaces de ver la interdependencia de todos los fenómenos. Ver uno en todo y todo en uno es traspasar la gran barrera que estrecha las propias percepciones de la realidad, una barrera que el Budismo denomina apego a las falsas percepciones del ser. Apego a las falsas percepciones del ser significa presencia de entidades inmutables con existencia propia. Traspasar esa falsa percepción significa liberarse del miedo, el dolor y la ansiedad El Sutra Prajnaparamita Hrdya dice que cuando el bodhisattva Quanthe-Am vio como de la realidad de los cinco agregados surgía el vacío del ser, fue liberado de todo sufrimiento, dolor, duda e ira. Lo mismo puede aplicarse a ti, Quang, a mí y a todos los trabajadores. Si contemplamos los cinco agregados de una forma tenaz y diligente, también nosotros seremos liberados de todo sufrimiento, temor y miedo. El Bodhisattva Avalokita está considerado como el que ofrece el regalo de la intrepidez a los otros, y no debemos olvidad la naturaleza de este regalo. Se realiza por medio de la contemplación de la naturaleza interdependiente de los cinco agregados. Sin embargo, debemos realizar que si el dador lo ofrece con todo su corazón, el receptor debe también aceptarlo con todo su corazón.
Sólo así puede ser recibido el regalo.

El practicante debe derribar todas las barreras para vivir como parte de la vida universal. Una persona no es una entidad privada ni viaja sin ser afectada a través del tiempo y del espacio como si estuviera aislada del resto del mundo por una fina concha. El vivir 100 ó 100.000 vidas aislado de esta manera no sólo no es vida, sino que no es posible. En nuestra vida hay presentes una multitud de fenómenos, de la misma manera que nosotros estamos presentes en muchos fenómenos diferentes. Somos vida y la vida no tiene límites. Quizás podríamos decir que sólo vivimos cuando vivimos la vida del mundo y de esta manera vivimos los sufrimientos y alegrías de los otros. El sufrimiento ajeno es nuestro propio sufrimiento y la felicidad ajena es nuestra propia felicidad. Si nuestras vidas no tienen límites, la unión de los cinco agregados que constituyen nuestro ser tampoco tiene límites. El carácter impermanente del universo, los éxitos y fracasos de la vida ya no nos manipularán. Habiendo visto la realidad de la interdependencia y habiendo penetrado profundamente esa realidad, nada podrá ya oprimirnos.

La meditación en la interdependencia tiene que ser practicada constantemente. Debemos dedicarle tiempo durante nuestra meditación formal, pero esta interdependencia debe llegar a ser parte integral de nuestro entorno durante nuestras tareas diarias. Debemos ver a la persona que está frente a nosotros como a nosotros mismos y que nosotros somos esa misma persona. Debemos poder ver el proceso del inter-origen y la interdependencia de todos los acontecimientos, tanto de los que están sucediendo como de los que sucederán.


Thich Naht Hanh
Extracto de: Como lograr el milagro de vivir despierto.


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viernes, 28 de febrero de 2014

Tú has hecho lo que has querido de tu vida

El triunfo del verdadero ser....



http://www.pensamientoconsciente.com/ (Gracias)

PABLO NERUDA – NO CULPES A NADIE

“Nunca te quejes de nadie, ni de nada,
porque fundamentalmente tú has hecho
lo que querías en tu vida.
Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo
y el valor de empezar corrigiéndote.
El triunfo del verdadero hombre
surge de las cenizas de su error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,
enfréntala con valor y acéptala.
De una manera u otra es el resultado de tus actos
y la prueba que has de ganar.
No te amargues de tu propio fracaso
ni se lo cargues a otro,
acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño.
Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar
y que ninguno es tan terrible para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado
así como la causa de tu futuro será tu presente.
Aprende de los audaces, de los fuertes,
de quien no acepta situaciones,
de quien vivirá a pesar de todo.
Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo
y tus problemas, sin eliminarlos, morirán.
Aprende a nacer desde el dolor
y a ser más grande que el más grande de los obstáculos,
mírate en el espejo de ti mismo
y serás libre y fuerte y dejarás de ser un títere de las circunstancias
porque tu mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas
y respira la luz del amanecer.
Tú eres parte de la fuerza de tu vida,
ahora despiértate, lucha, camina, decídete
y triunfarás en la vida;
nunca pienses en la suerte,
porque la suerte es el pretexto de los fracasados.”
(Atribuido a Pablo Neruda)

martes, 31 de diciembre de 2013

Seres Infinitos y Energía Universal. II






Sentí verdaderamente durante mi ECM que todos estamos conectados a esta energía Universal; todos somos Uno con ella. Cada uno de nosotros tiene esta magnificente y mágica fuerza de la vida corriendo a través de cada una de las células. No es una entidad externa, sino más bien un estado de ser -un fenómeno interno. Está adentro, afuera y en todo lado. No importa a qué raza, religión, sistema de creencias o cultura pertenezcamos. Estamos conectados con ella simplemente porque estamos vivos -de hecho, somos esta corriente universal. No tenemos que hacer nada, o ser nada, o probar nada para tener acceso a ella. Todos somos seres magnificentes y poderosos y todos tenemos acceso a ella porque ella y nosotros somos uno y lo mismo.

Lo único que puede detenerme de ser consciente de esta energía es mi mente -o sea, mis pensamientos y creencias que limitan mi ser. El profundo soltar que mencioné anteriormente que me llevó a mi ECM, fue en realidad mi intelecto soltándose completamente, llevándose con él mis creencias que limitaban mi ser y permitiendo que la energía universal tomara el mando. Tan pronto mi mente dejó de ser un obstáculo, las puertas se abrieron. En lugar de pelear contra la naturaleza del universo con el fin de sanar, le permití al chi fluir, en sus propios términos.

Puede ser un poco difícil al principio distinguir qué nos está motivando. La diferencia es que la mente se dedica más a hacer y el alma a ser. El ser infinito es nuestra esencia. Es lo que en realidad somos, tal como lo describí en el último capítulo donde expliqué la importancia de ser amor. El intelecto es sólo una herramienta para navegar por esta vida. Él descubre cómo ganar suficiente dinero para nuestro sustento y para pagar la renta; mientras que el alma sólo desea expresarse a sí misma.

En el ser infinito es dónde están nuestros instintos e intuiciones. Si compramos una casa, la mente escoge las opciones del lugar apropiado, define el presupuesto y todo lo demás. Sin embargo, la decisión final sobre el lugar específico a dónde vivir, puede ser hecha por pura intuición.

Simplemente, nos sentimos bien con ese lugar, sin que haya una razón lógica que lo explique. Este es el ser infinito.

Algunas veces nuestras vidas complicadas hacen que olvidemos que estamos conectados a la energía Universal y que tenemos estas habilidades naturales. Dejamos de escucharnos a nosotros mismos y empezamos a entregar nuestro poder a fuerzas externas tales como jefes, profesores y amigos. Al bloquear nuestros sentimientos también se rompe la consciencia de nuestra propia magnificencia porque las emociones son la puerta de entrada hacia el alma. Pero somos seres complejos y tratamos de controlar la forma cómo nos sentimos.

Cuando vivimos completamente desde la mente durante un largo período, perdemos contacto con el ser infinito y luego empezamos a sentirnos perdidos. Esto pasa cuando estamos dedicados a hacer todo el tiempo, en lugar de ser. Lo segundo significa vivir desde el alma y es un estado de permitir. Esto significa permitirnos ser quienes y lo que somos, sin juicios. Ser no quiere decir que no hagamos nada. Es sólo que nuestros actos se derivan de seguir nuestras emociones y sentimientos estando presentes en el ahora. Hacer, por otro lado, está enfocado en el futuro, con la mente creando una serie de tareas que nos tiene de aquí para allá con el fin de lograr un resultado en particular, sin contar para nada con nuestro estado emocional presente.

He descubierto que para determinar si mis acciones vienen del “hacer” o del “ser”, sólo necesito mirar a la emoción detrás de las decisiones que tomo a diario. ¿Es miedo o es pasión? Si todo lo que hago cada día es dirigido por la pasión y entusiasmo por la vida, entonces estoy “siendo”, pero si mis actos son el resultado del miedo, entonces estoy “haciendo”.

Cuando sentimos que perdemos el camino, pensamos que hay algo malo en nosotros -algo que tenemos que hacer o conseguir para sentir que hacemos lo correcto- y entonces buscamos afuera las respuestas. Nos dirigimos a otros con la esperanza de que ellos nos salven. Podemos sentirnos mejor por un tiempo corto, pero generalmente es muy corto y eventualmente terminamos sintiéndonos peor. Sin embargo, cuando realmente empezamos a sintonizarnos con quién la vida tuvo la intención que fuéramos -y estamos sintonizados con las emociones que nos motivan- nos conectamos con el alma de nuestra magnificencia. Sentimos claridad cuando permitimos esta conexión y rescatamos nuestro poder; nuestras vidas empiezan a funcionar.

Cuando estamos en el lugar del “ser” quienes somos, podemos escoger aprender de gurús, profesores, libros o filosofías espirituales externas. Estamos conscientes de nuestra propia magnificencia interna y de nuestra verdad, en lugar de creer que otros tienen el poder y nosotros no. De hecho, cuando nos damos cuenta de nuestra magnificencia y vivimos en nuestra verdadera naturaleza de amor, atraemos sincrónicamente al profesor, al libro o a la filosofía espiritual correctos, ¡en el momento perfecto!

Desafortunadamente, no estar conscientes de nuestra propia magnificencia puede producir efectos aparentemente mayores que los de simplemente sentirnos perdidos. No obstante, todo ello tiene la misma esencia. Durante mi ECM, sentía que todo juicio, odio, celos o miedo vienen de personas que no entienden su verdadera grandeza. La falta de consciencia de nuestra perfección nos mantiene sintiéndonos pequeños e insignificantes y esto va en contra del flujo natural de la energía de la fuerza de vida -aquello que realmente somos. Vamos en contra de nosotros mismos.

La manera como yo lo veo, es que si nos alentaran a expresar lo que realmente somos, todos seríamos seres muy amorosos, cada uno trayendo al mundo lo único que somos. Los problemas y conflictos vienen como resultado de no saber quiénes somos y de no ser capaces de mostrar nuestra belleza interior. Hemos creado tantos juicios sobre lo “perfecto” que nos llevan a la duda y a la competitividad. Ya que nos sentimos como si no fuéramos lo suficientemente buenos, no hacemos más que actuar. Sin embargo, si cada uno de nosotros estuviera consciente de nuestra magnificencia y nos sintiéramos bien con nosotros mismos, me parece que la única cosa que tendríamos para compartir es nuestra naturaleza única, expresada externamente de una manera amorosa, que refleje nuestro amor propio.

Los problemas que vemos en el mundo no son por los juicios u odios que tenemos hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Así como la clave para mi sanación fue el amor propio incondicional que eliminó el miedo, la clave para un mundo mejor sería que cada uno se ame a sí mismo de esa misma manera, siendo consciente de su verdadero valor. Si dejamos de juzgarnos a nosotros mismos, automáticamente tendremos menos y menos necesidad de condenar a otros.

Empezaremos a darnos cuenta de su verdadera perfección. El universo está contenido en nuestro interior y lo que experimentamos externamente es sólo un reflejo.

Creo que en su esencia, nadie es verdaderamente malo -ese mal es sólo un producto de nuestros miedos, de la misma manera que lo era mi cáncer. Desde la perspectiva de magnificencia, aún los criminales son víctimas de sus propias limitaciones, miedos y dolor. Si para empezar, ellos tuvieran una verdadera consciencia de sí mismos, nunca hubieran causado ningún daño. Una mente diferente -por ejemplo, un estado completo de confianza en lugar de miedo- puede cambiar aún a la persona más depravada, de la misma manera que yo le di la vuelta a mi enfermedad extrema del cáncer.

Debido a que la mayoría de las personas no viven en la claridad del ser conscientes de quienes realmente son, las leyes, juicios, premios y castigos son requeridos para evitar que se hagan daño unos a otros. Si todos fuéramos conscientes de nuestra propia magnificencia, entonces no seríamos ya más dirigidos por el miedo. No necesitaríamos reglas, ni cárceles…ni hospitales.

Si cada persona, de repente, se volviera consciente de su verdadera perfección y magnificencia –digamos, que cada uno en el planeta tuviera una experiencia espiritual transformadora- nuestro mundo manifestado cambiaría para reflejar ese nuevo estado. Las personas estarían más empoderadas y serían mucho menos miedosas y competitivas, lo cual llevaría a una mayor tolerancia por los demás. Los porcentajes de crímenes se bajarían dramáticamente. Nuestros sistemas inmunológicos estarían más fuertes por un menor estrés y miedo, así que habría menos enfermedad. Las prioridades cambiarían porque ya no estaríamos dirigidos por la avaricia, la cual es otra faceta del miedo. Los niños crecerían siendo amor, más fuertes, saludables y con más confianza. Vivirían en un planeta que naturalmente apoya esta forma de vida en lugar de un sitio hostil.

A pesar de este punto de vista, no tengo la necesidad de cambiar a nadie, mucho menos al mundo.

Ir a alterar las cosas, sugiere que las juzgo como incorrectas y que necesito arreglarlas para que estén de acuerdo con mi propia visión o ideología. En cambio, cada cosa es como debe ser en este punto en el tiempo. Sé que mi único trabajo es SER. Mi trabajo aquí es ser yo misma -una expresión del amor que soy- y ver la perfección en mí misma, en otros y en el mundo a mi alrededor, mientras continúo viviendo en el plano físico. Eso es todo lo que cualquiera de nosotros necesita ser.

Entiendo los roles que todos en mi familia y en mi círculo más grande juegan en mi vida y yo en las de otros. Si no soy fiel a mí misma, entonces los otros a mí alrededor no pueden ser ellos mismos tampoco. Sólo siendo mi ser único, puedo permitirles a otros interactuar conmigo al nivel de sus propios seres infinitos.

Siempre y cuando yo tenga esta consciencia, me siento una con la energía Universal que fluye a través de mi vida, desenvolviéndose en formas milagrosas y sincronizadas. Estoy energizada en lugar de extenuada -elevada por el ser en lugar de derrumbada por el hacer, trabajando con la energía universal en lugar de estar en contra de ella. Mientras continúe de esta manera, mi vida toma una cualidad zen en lo que esté presente, hasta el punto que todo tiene un sentimiento casi irreal y guiado. No siempre es fácil, pero de verdad, ¡hace la vida más divertida! Todavía soy un proyecto en proceso, pero esto es todo lo que tengo qué hacer –sólo ser el amor que soy, ser quien soy. Mi universo externo se reorganizará como un resultado de esto y esto también es verdadero a una escala mayor.

Así como creamos nuestras propias vidas, momento a momento, con nuestros pensamientos y emociones, hemos decidido como colectividad qué es humanamente posible y qué, no. De una manera semejante, pensamos que nuestra moral y nuestros valores son absolutos pero realmente ellos son sólo un grupo de pensamientos y creencias que hemos adoptado como verdaderos, a lo largo del tiempo. Ellos son una construcción de nuestras mentes y un producto de nuestras culturas, así como todas las expectativas de género a las que yo les di forma en mi pensamiento durante mis primeros años. Debido a que creí en estos valores como absolutamente verdaderos, ellos afectaron a quién yo era. Como un todo, la realidad que hemos creado refleja esta inconsciencia. Si los pensamientos y creencias de todos fueran diferentes, hubiéramos creado un planeta diferente.

Me parece que este mundo es siempre la culminación de todos nuestros prevalentes pensamientos y creencias colectivos. Nos expandimos sólo a la velocidad que somos capaces de manejar en un momento dado, tanto individual como colectivamente. Todavía juzgamos a los que llevan a cabo los crímenes exactamente como criminales que merecen ser condenados, no sólo en esta vida pero también en la del más allá. Todavía somos incapaces de verlos como víctimas del miedo o como creaciones de una realidad que nosotros, como un todo, hemos construido.

Cuando cada uno de nosotros es capaz de mirar a los ojos de, incluso, nuestro peor enemigo y ver nuestros propios ojos mirándonos, entonces veremos la verdadera transformación de la especie humana. Cada uno de nosotros puede enfocarse en crear una realidad para sí mismo basada en sus propias verdades, en lugar de seguir ciegamente lo que ha sido establecido por nuestras creencias y pensamientos colectivos. Expandiendo nuestra consciencia a nivel individual, estaremos efectuando el cambio a nivel universal.

Cada uno de nosotros es como un solo hilo en un inmenso tapiz, entretejido en un patrón complejo y colorido. Podemos ser sólo una hebra, pero todos somos una parte integral en la imagen terminada. Afectamos las vidas de los demás simplemente escogiendo ser -o no- nuestros verdaderos seres. Nuestra única obligación con otros, nuestro único propósito, es expresar lo únicos que somos y permitir que los demás hagan lo mismo.

Entender que la Luz, la energía Universal magnificente que está en nuestro interior y es nosotros, nos cambia como individuos porque estamos abiertos y listos. De esta manera, un cambio más lento y profundo puede llevarse a cabo en el mundo. En el próximo capítulo exploraré aún más, lo que he llegado a entender sobre la vida en este plano.

Extracto del Libro: "MUERO POR SER YO" de ANITA MOORJANI (Mar/2012)
Traducción libre y gratuita al español de mi esposa y revisión mía (Sep/2012)





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lunes, 30 de diciembre de 2013

“LA ESCUELA ANDALUSí Y SU APORTACIÓN AL MUNDO INFANTIL”

http://trimestraliniciatico.wordpress.com/2013/10/07/884/ (Gracias  por vuestro artículo . lo comparto)

“LA ESCUELA ANDALUSí Y SU APORTACIÓN AL MUNDO INFANTIL”

               Érase una vez, en un mundo donde los niños y las niñas eran los protagonistas, en que los Temperamentos decidieron unirse siguiendo las Leyes de la Naturaleza, para así dar vida a una Creación en la que eran imprescindibles las Virtuosas intenciones de Todos y Cada Uno de Ellos.
Empezaba a caldearse el ambiente ya que El Fuego, tan vital y entusiasta, como fuerza primigenia e impulsora, dotó de Fe a la aventura de iniciar “La Gran Obra Infantil”.
El Aire, por su parte, en su afán de Servir, decide unirse a la acción incesante de su vecino, inmerso en reflexiones constantes e interrogándolo con un semblante dudoso decía así;
- ¡¡tendremos que investigar por años, devorar libros, estudiar día y noche hasta alcanzar nuestras metas………!!!
-¡¡¡Ey ey ey, eso para qué, querido amigo!!! – respondió el fuego- la intuición será nuestra aliada y con la alegría y la sabiduría que te caracteriza, todo se dará.
La Tierra que estaba escuchando cómodamente desde el sofá, incorporándose un poco, al sentir cada poro de su piel y cada músculo de su cuerpo, añadió pausada y serenamente;
- queridos cultos y fogosos compañeros de viaje, estoy totalmente de acuerdo con vuestras deliberaciones y afán de aventuras, por eso me gustaría unirme para ser útil en la concreción aquí abajo  y que mantengamos la Perseverancia ante los posibles desafíos que puedan surgir a lo largo del camino.
Por último El Agua, fluyendo entre sus cálidas corrientes, con su toque místico característico e incondicionalidad, inundo a cada uno de ellos con esa Claridad Emocional de la que ella hacía gala, para así contribuir a la finalidad de la Obra;
Inundar de Consciencia a la Humanidad.
Así surge la Escuela Andalusí Infantil, que en su caminar hacia el despertar de la consciencia, abre un espacio donde se invita a las Familias, incluyendo a las distintas generaciones; niñ@s, madres, padres y abuelos a un viaje de exploración del Alma…
    Niñ@s, jóvenes y adolescentes y su desarrollo en la Escuela Andalusí
“En la niñez y en la infancia la mayoría de nosotros está mucho más cerca de nuestra propia Alma que no lo estamos en los años sucesivos, y entonces tenemos las ideas más claras respecto a nuestro trabajo en la vida, los esfuerzos que se espera que hagamos y el carácter que necesitamos desarrollar”. 
E. Bach
El Corpus de este Proyecto Infantil toma como base el Modelo de Terapiafloral Evolutiva desarrollado por la Escuela Andalusí y abre un camino evolutivo en el que l@s niñ@s y sus familias se adentran a explorar su mundo interior.
Esta escuela basa su filosofía en influyentes pensadores como Paracelso, Culpepper, A. Bailey,  E.Bach, C.Jung  además de importantes pedagógos como Freire, Piaget, Steiner, Montessori, Tagore, Krinasmurti y otros que a lo largo de la historia pusieron de manifiesto que el hombre no es sólo una mente y un cuerpo, también posee una naturaleza espiritual que es la que nos lleva a un conocimiento consciente de nosotros mismos, imprescindible para abrazar la vida y vivirla plenamente y este conocimiento debería desarrollarse de una manera paralela con los años de educación académica.
Nuestras inquietudes y motivaciones vienen respaldadas por la experiencia personal y profesional adquirida durante muchos años, tanto en el ámbito de la educación como en la terapéutica. Pensamos que la educación y la salud vienen de la mano, ya que si educamos a seres en equilibrio ofreciéndoles herramientas y recursos para su autoconocimiento, su vida se tornará física y emocionalmente saludable.
A través de la observación y años de experiencia en el mundo infantil pensamos que, deben existir espacios abiertos donde se fomente la creatividad, la espontaneidad, tengan cabida los sentimientos y el saber pensar por uno mismo, y así,  a través de estas cualidades los niños y las niñas vayan creciendo en libertad pero desde la responsabilidad que la experiencia les irá trasmitiendo.
Que el niño crezca sabiendo quien es, conociendo su naturaleza, aceptando sus ritmos, le ayudará en su desarrollo a crear las bases de una personalidad completa, sabiendo gestionar sus emociones. Experimentar la vida desde la Sabiduría, la Fraternidad, la Espiritualidad que no tiene nada que ver con ninguna religión ni credo, ya que somos seres espirituales por naturaleza.
v  Los principales objetivos de esta Escuela son;

  • Guiar y acompañar a los niños y niñas para que desplieguen sus habilidades personales de manera consciente, creando un espacio lúdico y de diversión dónde se expresen a través del juego con todo su ser en plenitud, invitándoles a crear y desarrollar su arte personal en cada movimiento, cada emoción, cada pensamiento y en cada acción, por ello no hablamos de futuro, sino de sacarle al presente el mayor jugo posible.
  • Ofrecer a los padres y educadores herramientas personales y recursos para su propio autoconocimiento y el de sus hij@s, acompañándoles en la labor de educar, desde el respeto y la confianza de que el niño se irá desarrollando en pro de sus propias cualidades tomándolos a ellos como ejemplo.
Nuestra aspiración educativa es traer la vida a “la escuela”, con sus aciertos, dificultades, limitaciones y virtudes, es decir, crear una escuela de la vida adaptada a las necesidades de los niños y niñas, donde lo físico, lo emocional, lo mental, espiritual y social tengan cabida, para así acompañarlos en su desarrollo como seres completos en perfecta armonía.
Valores como la Fe, la Perseverancia, El Servicio y la Claridad Emocional serán el alma de este espacio donde el niño actuará en base a ellos pasando por las distintas etapas evolutivas como un explorador en continuo aprendizaje, conocedor de sus propias habilidades que le abrirán las puertas del Amor y de la Sabiduría.
v  Modelo de Intervención
Este Modelo se desarrolla combinando lo lúdico con el aprendizaje, pero este aprendizaje  no es una lección específica que deben aprender, el objetivo es conocerse a ellos mismos, a través de vivir los procesos propios y compartirlos.
Nuestra metodología es eminentemente práctica, utilizando el juego como forma de integrar y experimentar, no se trata de hacer terapia propiamente dicha sino de guiar al niño para el desarrollo consciente de sí, ellos serán los protagonistas de su propio aprendizaje.
La comunicación es la vía de expresión por excelencia, atendiendo tanto a la verbal como a la no verbal, utilizando un amplio abanico de recursos como Herramientas Evolutivas para así ir adentrándonos en las emociones.
El Mandala Arquetípico como herramienta práctica donde se expresan las naturalezas y personalidades de cada niño, identificándose con ellas a través del recorrido por;
Los Cuatro Elementos (Fuego, Aire, Tierra y Agua) que les dotará de la experiencia necesaria donde desarrollar las habilidades propias de cada uno, conocer sus ritmos hacia esa armonía o equilibrio  para ir creciendo como seres en plenitud.
Las 12 tipologías hacia la consecución de la virtud que le facilitará su autoconocimiento y la liberación de los conflictos internos que puedan estar viviendo.
Los niñ@s y niñas de hoy y del futuro, merecen ser guiados y acompañados por sus padres, educadores, maestros, abuelos y otros adultos, como claros “cimientos” de esta sociedad y que les procuremos calidad de vida al desarrollar su potencial individual desde la alegría, la libertad y el amor.
    Madres y Padres conscientes
“Fundamentalmente, el servicio de la paternidad debería ser el medio privilegiado de permitir a un alma entrar en contacto con este mundo con el objeto de evolucionar. Si se entiende correctamente, probablemente no se ofrezca a la humanidad ninguna oportunidad más grande que ésta, ser el agente del nacimiento físico de un alma y tener el cuidado de la joven personalidad durante los primeros años de su existencia en la tierra. La actitud de los padres debería ser exclusivamente la de dar al pequeño recién llegado, hasta donde sean capaces, todas las orientaciones espirituales, mentales y físicas, pero recordando siempre que el pequeño es un alma individual que ha venido al mundo a obtener su propia experiencia y conocimiento a su propia manera de acuerdo con los dictados de su Yo Superior, y que deberían concederle toda la libertad posible para que se desarrolle sin impedimentos”.
E.Bach
Los Encuentros de Familia son una oportunidad para que grandes y pequeños se relacionen en un espacio donde poder compartirse, sin obligaciones, ni exigencias; los padres observan, se unen a sus hijos a través del juego, otra forma de conocerse, los niños ven como sus progenitores comparten su mundo, donde poder crear juntos, dándose experiencias muy enriquecedoras entre ambos. Así la tarea de educar se hace más consciente al comprender mejor los procesos que viven los niños.
    La Sabiduría de los Abuelos
Consideramos que los abuelos desempeñan un papel fundamental  y que debemos darle el lugar que se merecen, por ello el ofrecerles la oportunidad de venir a compartir sus experiencias, inquietudes, preocupaciones y acompañarlos en su labor de educadores incondicionales y presentes en la vida de sus nietos, transmisores de esa sabiduría fruto de los años.
    Los Profesionales de la Educación
“El maestro siempre debería tener presente que su oficio es simplemente ser el agente para dar al joven la orientación y las oportunidades de aprender las cosas del mundo y de la vida, para que cada niño pueda absorber el conocimiento a su manera, y, si se le da libertad, instintivamente escogerá lo que sea necesario para el éxito de su vida. Por ello, otra vez, no se debería dar al estudiante nada más que el cariñoso cuidado y la orientación que le permitan obtener el conocimiento que necesita”.
El profesor o educador es una pieza clave en el desarrollo del niño, por ello nuestra labor se extiende a el reciclado consciente de estos profesionales, así a través de las Herramientas Evolutivas, en esta escuela se le facilita el camino hacia una educación que favorezca el desarrollo integral del niño, para que crezcan acordes con su propia evolución y aporten al mundo todo el potencial que traen con ellos.
Alicia Jiménez, coordinadora del Área Infantil.