viernes, 4 de abril de 2014



 http://familiasenruta.com/fnr-crianza/crianza-viajera/un-viaje-por-el-mundo-que-revoluciono-la-vision-del-dibujo-infantil/

¿Acaso hay algo más inocente y espontaneo que los primeros trazos de un niño al pintar? Los padres y educadores nos damos cuenta del genuino interés de nuestros  hijos por realizar sus primeras obras de arte. No saben dibujar, claro,  son pequeños y corremos auxiliarlos interviniendo continuamente  para corregirles “¿es una casa?” ¿es un sol?…no, así no. Ahora tienes que dibujarle la cara a este sol”.
Estamos deseando que pinten para mostrarle el dibujo a todo el mundo y en los colegios se guardan como prueba del trabajo realizado. Dibujos cuya función por tanto es en buena medida la de ser evaluados por otros. Nos gusta decirles que son bonitos aunque a  menudo no nos lo parezcan. Pero ¿y si esos primeros garabatos no fueran tales y tuvieran una significación más profunda? ¿y si nuestra mejor contribución a la verdadera expresión de su ser auténtico fuera simplemente  crear las condiciones para que pinten sin ser juzgados y condicionados continuamente por nuestra mente adulta y racional?.

Para Arno Stern lo que todos los niños expresan en su trazo libre y espontáneo es que todos los seres humanos tenemos una memoria orgánica universal que se forma ya en el útero de la madre y que es un eco de nuestro programa genético, que él llamó el principio de la Formulación. Un principio revolucionario que cambia nuestra idea no sólo del dibujo infantil sino de nuestros hijos y de nuestra relación con ellos. Tenemos tanto que aprender de ellos!

Recuerdo que de pequeña me apuntaron, junto a mi hermano, a clases de dibujo y pintura. Íbamos contentos los sábados por la mañana y allí otros niños y niñas y el profesor, un pintor reconocido, nos esperaban para enseñarnos las técnicas para pintar y dibujar como artistas.
Y ahora, participando en los talleres de expresión de Les Esplanes y leyendo el libro de Arno Stern Del dibujo infantil a la semiologia de la Expresión observo como se caé el castillo de naipes que tenia construido basado en ideas de belleza y arte.

Arno Stern, nació enAlemania en 1924, sus padres se vieron forzados a huir con él del nazismo hacia Francia en 1933. En 1946, trabaja en un Campo de refugiados con huérfanos de guerra, animando un taller de pintura, siendo allí donde se origina su vinculación con el trabajo libre y creativo en la práctica artística infantil. A partir de sus afirmaciones observaciones afirma contundente ” No es de extrañar que no puedan ni verme (refiriendose a artistas y psiquiatras) cuando digo que el niño no crea, que no genera una obra- en el sentido artístico de la palabra-, no inventa fórmulas raras, sino que obedece a una inagotable necesidad determinada por su programa genético”
Arno nos aporta un conocimiento sorprendente sobre la naturaleza humana, de una transcendencia tal, que modifica nuestra mirada y tiene la virtud de poder cambiar las relaciones entre las personas. Para buscar respuestas a la inexplicable sucesión de trazos que observa en todos los niños y niñas y confirmar sus teorías  Arno decidió, a mediados de los años 60, recorrer los desiertos, la sabana y la selva virgen de todo el mundo en busca de  poblaciones preservadas del contacto con el mundo occidental.   Arno buscaba confirmar una teoría, el descubrimiento de los mecanismos de la Formulación.
LA FORMULACIÓN: ECO DE NUESTRO PROGRAMA GENÉTICO
La idea que está detrás de la Formulación es que todos los seres humanos tenemos una “memória orgánica” que es universal y que se expresa a través del dibujo libre y espontaneo. La constatación de esto vino dada por la comprobación realizada por Arno en estos viajes por todo el mundo, de que niños y adultos realizaban las mismas figuras y dibujos en todas partes.
Arno Stern afirma “Los acontecimientos de nuestra vida prenatal son de una enorme importancia. Imaginaos que su memoria no se haya perdido, sino que haya sido inscrita, no junto con vuestros recuerdos, sino en un depósito aparte: La Memória Orgánica. La memória orgánica incluye también etapas posteriores al desarrollo de la persona, posteriores al feto programadas genéticamente. Las figuras son como el eco de los hechos suscitados por el programa genético, un eco tardío pero fiel.
ENTORNO PREPARADO
Arno crea un espacio, que en París nombro Closlieu,  donde personas de diferentes edades, niños y adultos, se sienten libres para desarrollar el juego de pintar libremente, sin juicios, sin inhibiciones y sin competición. Esta instalción excluye toda intrución, toda petición y toda distracción, pone a la persona en una situación poco habitual. Sin pretender nada, con la pasión que produce realizar una actividad por el placer que proporciona la actividad en sí misma, sin esperar recompensa ni fruto alguno de dicha actividad. Arno reniega de que lo que allí se produce tenga nada que ver con el arte. Nada de lo que allí se hace, es hecho para ser exhibido ni pretende transmitir mensaje alguno. “Es importante, para su equilibro, que la persona tenga la posibilidad de escapar a la vigilancia de su razón para entregarse a un acto no intencional“, dice Arno.

EL ADULTO AL SERVICIO DEL JUEGO ESPONTÁNEO DEL NIÑO
No solo el espacio sinó que será imprescindible  la relación del adulto con el niño. Arno explica emotivo que la relación con los niños puede ser de gran placer. Para que esto ocurra es necesario crear la ocasión para encontrarse con ellos de otra manera: proponiendo un juego y adoptando en él el papel de asistente, no de enseñante. Y consecuencia indispensable, suprimiendo todo aquello que perjudique al juego con el trazo natural.
Llegado a este punto me sorprendí  recordando como obstaculizé el camino mientras Lluna, mi hija,  realizaba sus primeros trazos (dibujos). Arno advierte que cuando un niño pasa del torbellino a la primera figura redonda el adulto debe parar la razón y tan solo observar y acompañar. El peligro llega con la colición entre el racionalismo del adulto y la realidad pura del niño; y es ahí cuando el adulto, para mostrar su interés al pequeño, le hace la pregunta fatídica: “¡qué bonito! ¿qué has querido dibujar? No ha querido representar nada. No representa algo, pero es algo: es una Figura Primaria de la Formulación.
Y tras la figura redonda aparecerán inevitablemente la el cuadrado, la  figura radial, la gota, la espina, el triángulo, …y llegará el momento que tras las Figuras Primarias lleguen las Figuras-objeto y  las Figuras esenciales.
Todo depende de las posibilidades que el niño o el adulto tenga de jugar o al contrario sacrifique sus capacidades naturales por el afán de dibujar algo que agrade a los demás y ser un alumno aplicado desaprendiendo así el juego espontáneo y estando a merced de los deseos de los demás. Que triste destino de dependencia que todos tenemos normalizado y forma parte de una concepción de la educación. Pero Arno nos anima y dice ¡Hay que actuar! es posible cambiar la relación estando al lado de los niños y desconfiando de todo lo establecido.
SEMIOLOGIA DE LA EXPRESIÓN

Sus investigaciones en torno a la Formulación han dado paso a la creación de una nueva disciplina denominada Semiología de la Expresión, para lo que se ha creado el I.R.S.E. (Instituto para la Investigación de la Semiología de la Expresión). La Semiología de la Expresión busca indagar en el origen de la Formulación y sus implicaciones, y cuenta con la colaboración de biólogos, antropólogos, genetistas, psicólogos, neurofisiólogos, y prehistoriadores entre otros.
A finales de los 70, Miguel Castro, que trabajaba en Bilbao como profesor de pintura, descubre y conoce a Arno Stern, con el que inicia una relación y colaboración que dura hasta hoy mismo, y a la que se incorpora Vega Martín en el año 1993. Ambos forman el colectivo Diraya, que se dedica a la difusión de lo que Arno y ellos han llamado Educacion Creadora.
“Sorprendidos y entusiasmados, aturdidos y desconcertados nos quedamos después de leer y vivir en un taller de expresión los descubrimientos que Arno nos expone contundentemente. Nos despedimos agradeciendo a Arno  todo su trabajo y dedicación para mostrarnos, a los adultos, una nueva mirada  sobre los niños de todo el mundo , con confianza y respeto hacia  ellos y  todos los que se aventuran en el camino del aprendizaje con el poder de cambiar nuestras relaciones.”
Y por si nos sirve de inspiración Arno nos recuerda a Schiller cuando decía “La razón es un testigo molesto durante el proceso poético”.
Links de referencia:
http://www.arnostern.com/
http://educaciondemocratica.wordpress.com
http://www.dirayaexpresion.es/
Libro “ARNO STERN. DEL DIBUJO INFANTIL A LA SEMIOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN” editado en castellano el año 2008 por Editorial Carena en colaboración con Miguel Castro.




Acerca del autor:

susagna
Europa Archives - Familias en Ruta
Correo

SE EDUCAN SOLOS

https://seeducansolos.wordpress.com/category/arno-stern/ ( COPIADO DE ESTE BLOG. GRACIAS  )

Condiciones de la educación creadora: vídeo septiembre 11, 2012

En estos vídeos se puede ver la charla que abrió el curso de formación en Educación Creadora que se impartió en Diraya entre los días 26 de agosto al 2 de septiembre del 2012. Son 5 partes de 10  minutos cada una:






He leído: Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, de Arno Stern mayo 22, 2012

Este libro nos dio una gran alegría cuando se publicó, en el 2008, porque no había ninguno reciente de Arno Stern en español. Pueden encontrarse más títulos en otros idiomas.
El libro trata de la evolución que va siguiendo el dibujo desde la infancia y a lo largo de toda la vida: es lo que Arno llama la Formulación. Explica en qué consiste, qué pintan los niños y qué no, y porqué. De dónde viene, cómo evoluciona, qué condiciones tienen que darse para que no se destruya ese proceso.
El libro se le muy rápido y es ameno (o eso me parece a mí, porque ya sé de lo que habla). Tiene muchas fotografías, dibujos y esquemas que ilustran la explicación.
En cuanto al contenido, me parece básico, imprescindible para cualquiera que tenga algo que ver con la infancia o con el dibujo. Me queda la duda, de si sólo con la lectura del libro se puede llegar a comprender en qué consiste y qué condiciones necesita el dibujo infantil para crecer y desarrollarse. Es mucho lo que se intenta trasmitir, y no sé si se consigue sólo con la lectura del libro. La forma de ver el dibujo infantil (y la educación en general) es muy diferente a lo que hemos vivido y a cualquier otro enfoque que hayamos visto, por lo que no sé, si con la lectura del libro se puede llegar a comprender cómo funciona realmente el dibujo infantil.

Actividad educativa: pintar

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.
En qué no consiste esta actividad
La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.
Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.
El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.
Materiales:
Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.
Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.
Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.
Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.
Espacio y tiempo:
Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.
En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.
Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.
Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño
El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.
Qué hace el adulto
El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.
El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.
En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.
Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.
Esto se traduce en que el adulto:
- le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…
- cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…
- cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.
- da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…
- guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño
- no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.
- conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.
Qué no hace nunca
- hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,
- comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás
- enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.
- abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos
- ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo


Un ejemplo práctico:
En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.
Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.
Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.
Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.
Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.
Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.
Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).
Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.
Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.
Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.
Nunca hay comentarios sobre los trabajos:
- Ya está,
- Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?
- si, dame
No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.
Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:
Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.
Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.
Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.
Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.
Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.
Para saber más:
- En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías
- También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.
- El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

El origen del dibujo en el niño

Extraído del curso de formación de Educación Creadora (con modificaciones hechas por mí); del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 11
Hoy en día, la primera vez que un niño hace un dibujo es aún muy pequeño. Cuando los niños comienzan a ser capaces de coger un rotulador, sus manos tienen limitaciones motrices que no les permiten ejecutar la complejidad de movimientos que harán en 1 ó 2 años más adelante.
Si dejamos nuestra mano completamente relajada, veremos que a la hora de moverla, lo más sencillo es girar. Cualquier movimiento que hagamos así, con la mano “muerta”,producirá un giro. Y así, cuando un niño con estas limitaciones motrices dibuja, el trazo que deja en el papel es el rastro de ese giro. Es lo que llamamos torbellino. La fisionomía del niño, la mano, no le deja hacer otro tipo de movimiento, por eso todos los niños pequeños que comienzan a dibujar, hacen estos trazos.
Estos dibujos los conocemos todos, y los hemos visto miles de veces. Es lo que comúnmente se llama garabato. Arno quiso ponerle otro nombre a este trazo, porque garabato es una palabra que tiene connotaciones negativas, que viene a significar “algo mal hecho”.
El origen del dibujo infantil suele ocurrir por azar. Hoy en día hay papel y lápiz a disposición de todos los niños, pero esto puede ocurrir también con otro material: con un puré y la cuchara, con el vaho de la ventana…
Hay un momento azaroso en el que un niño establece una relación entre su movimiento y el trazo que queda, la marca que deja sobre la superficie en la que traza. Cuando establece esta relación le ocurre una cosa terrible: se siente capaz de transformar el mundo, le parece fantástico, se siente poderoso. En un descubrimiento muy grande para el niño, comprender que puede influir así en el mundo.

Después de hacer esto por azar, se pregunta si será capaz de repetir la hazaña, lo intenta y repite y se siente genial, y lo vuelve a repetir una y otra vez, proporcionándole un enorme placer y seguridad, y creyendo que es capaz de cambiar el mundo. Este hecho tan simple y sencillo le produce una alegría inmensa y un gran placer.
Esta alegría normalmente nos la quiere comunicar, la quiere compartir con quienes le rodean. Pero no hay que confundir en este momento la alegría que siente y que nos quiere comunicar, con lo que encuentra en los adultos que le acompañan, que en la mayoría de los casos suele ser un juicio sobre lo que ha hecho, sobre su trazo.
Cuando un niño va por la playa, andando sobre la arena, dejando huellas, y mira feliz a su madre, no está esperando que le digan “qué huellas tan bonitas estás dejando”. No espera absolutamente nada. Comparte su alegría con su madre.
Cuando un niño hace su primer torbellino, junto a él habrá alguien que sistemáticamente le dirá “¡qué bonito!”. Sólo con este primer “qué bonito” se le condiciona. Pero lo cierto es que no solo se les dice esto: no se dice qué bonito, sino “qué bonito, ¿qué has querido hacer?”.
Cuenta la anécdota de una niña de 3 años, que lleva a su cuidadora de guardería un dibujo. La profesora le dice “¡qué bonito!” y la niña y lo rompe enfadada llamándola mentirosa: –¡he hecho feo este dibujo a propósito, y tú vas y dices que es bonito, eres una mentirosa!-.
La gente dice que es muy bonito pero no dicen la verdad. Si de verdad les pareciera una maravilla, un obra de arte, algo valiosísimo, los enmarcarían, les darían un valor. Hasta en las escuelas alternativas se dejan los dibujos tirados por el suelo, pisoteados.
El primer mensaje que le enviamos al niño que comienza a pintar son es el de la hipocresía. Y el segundo: el niño entiende que tiene que pintar para los demás, que lo que pinta tiene que gustar a los que le rodean. Al alabarle así su dibujo, lo que entiende es que el objetivo de pintar es producir algo que a los demás les parezca bonito. A los demás tiene que parecerles bonito mi dibujo, y encima me tienen que entender lo que pinto, tienen que reconocer algo en él.

Cuando un niño te lleva un papel con un torbellino, quiere ser aceptado, quiere que lo quieras. El niño necesita sentirse querido. El niño se siente obligado por nosotros, por nuestras preguntas, por lo que le hemos condicionado, a dar nombre a lo que ha hecho y se lo inventa. Cuando le preguntamos a un niño por su dibujo, nos contesta lo que queremos oir, porque le hemos condicionado para ello. Cuando le preguntamos qué ha pintado, no puede contestarnos que ha hecho un trazo que viene determinado por su código genético, que no está dirigido a nadie, que no representa nada y que no intenta reproducir la realidad, no puede responder que solo es el principio de un juego, el juego de pintar. Se inventa una respuesta que encaje con lo que el adulto espera oír: un sol, una anémona, una batalla, un perro, niebla, un cohete…..,
Con nuestra forma de actuar, con nuestra mejor intención y con todo nuestro amor, cuando el niño comienza este proceso, le desviamos de su proceso natural y le condicionamos. Le fastidiamos su juego en cuanto empieza. Le anulamos su juego. Le enseñamos a entender su dibujo desde una perspectiva que no le va a dejar que lo desarrolle tal y como está programado.
 

El juego de pintar febrero 29, 2012

Para los niños, pintar es un juego.
Un bebé que pinta, juega a dejar una huella en el papel. Igual que cuando está tumbado juega a mover brazos y piernas. Y igual que cuando habla, juega a hacer sonidos. Esta huella que deja está limitada por sus movimientos: un bebé tiene limitaciones motrices que le llevan a condicionar sus movimientos.









Cuando es más mayor, supera sus limitaciones motrices y controla más el trazo. Puede hacer otro tipo de figuras que va combinando entre sí. Juega a poner unos puntos por aquí, ahora un giro rápido, y más allá un círculo. Y cuando juega con juguetes lo que hace es sacar cosas, meter, ordenar, cambiar cosas de sitio, poner y quitar.



















Cuando crece un poco más, crece también su capacidad de abstracción. Su juego también crece, evoluciona, cambia. Ahora juega con una caja de cartón, y juega a que es un coche, y juega con una manta a que es una capa, y juega con una mesa a que es una cueva, y juega con un muñeco a que es un bebé. Todos estos juegos, parten del niño, y no tienen ninguna finalidad. Juega porque sí. No juega para representar una historia bonita, ni intenta reproducir la realidad. No espera la aceptación de nadie, porque no la necesita. No juega para los demás.
A la hora de pintar, este niño sigue jugando: coloca un cuadrado como si fuera una casa, un círculo como si fuera un árbol y una cruz como si fuera un personaje. Pero entonces se acerca un avión que dispara, y tra tra tra tra…. dibuja un montón de puntitos por todo el trabajo a modo de disparos. Ahora continúa jugando con esas huellas, con los mismos trazos que antes hacía, pero ahora hace como si fueran otra cosa: traza un rectángulo y juega con él a que es un personaje, traza un círculo y juega a que es la cabeza… Ahora ya puede darle un significado a su trazo, cosa que antes no hacía. Antes trazaba una figura radial. Ahora traza una figura radial y hace como que es el sol.
Es el mismo juego en los dos casos, un juego que no está destinado a nadie, que no necesita de la aprobación de nadie, que tiene finalidad en sí mismo. Su finalidad no es en ningún caso hacer un dibujo bonito. El juego es una actividad completa en sí misma. No se juega para hacer cosas bonitas, no se juega para los demás. Se juega porque es una necesidad.


Si el niño sigue creciendo y puede seguir jugando, su juego continuará creciendo, cambiando y evolucionando. Ahora ya, coge la misma caja de cartón y le dibuja una puerta y ventanas. También le pega unos tapones de plástico para hacer de ruedas y seguir jugando como que es un coche. Sigue usando una manta para hacerse una capa, pero además se busca algo con lo que jugará a que es un sombrero. Y se sigue escondiendo debajo de la mesa para hacerse una cueva, pero dentro pondrá unos muñecos, fuera de la cueva le esperará su caballo, y a la cueva le pondrá unas paredes hechas con las sillas. El juego crece, se complica más y más, pero sigue siendo un juego. Y por más detalles que añada, por mucho que crezca y se complique su juego, sigue sin estar destinado a nadie. No juega para los demás.
Y a la hora de dibujar, al juego le pasa lo mismo, va creciendo y cambiando. Continua combinando los trazos que conoce, de forma más y más compleja, añadiendo más y más detalles, creciendo y evolucionando. Pero las condiciones de su juego continúan siendo las mismas.






El juego de pintar no termina nunca. Este proceso, este juego no se detiene. Todo el mundo puede jugar a pintar con la misma pasión que un bebé, pasándoselo tan bien como un niño pequeño. Y los trazos, no dejan de cambiar y evolucionar, adaptándose al juego de pintar de cada persona.
En nuestra sociedad este juego apenas se ve. Muy pocos niños pueden jugar a pintar, porque los adultos que les acompañamos no les dejamos. Somos los adultos los que les hacemos ver, con nuestra mejor intención, que se dibuja para crear una obra que guste a los demás. El juicio (muy bonito) sobre un juego, lo destruye. Hace que el juego no sea posible. Por eso, porque no entendemos el dibujo como un juego, porque creemos que la pintura es un don que tienen solo unos pocos, porque adultos que dicen que no saben pintar enseñan a niños, porque creemos que se pinta con el objetivo de crear algo para los demás, por todo eso en nuestra sociedad, los niños abandonan el dibujo, y la inmensa mayoría de los adultos nunca pintan porque sienten que no saben dibujar.

domingo, 30 de marzo de 2014

Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma…

 http://www.revistasomos.cl/2013/10/roberto-cabrera-escritor-y-docente-de-la-realidad-al-alma/
SOMOS HALLAZGOS Publicado Originalmente en la edición impresa de la revista en Septiembre de 2013

Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma…

Una nueva lucidez recorre el orbe. Es el boom de la consciencia. Y emergen voces simples y corajudas que invitan a aligerar la vida, legitimando la propia experiencia. SOMOS dialogó con el escritor y docente chileno Roberto Cabrera Olea, frecuente colaborador de nuestra revista.

La suya es una palabra prístina e inspirada. Una voz que habla desde el interior. Sostiene que vivir “es un jueguito más fácil de lo que creemos” y aboga por un pacto con uno mismo para cambiar el mundo. Para él, la transformación social no va por las anchas alamedas, sino por los íntimos pasadizos de las decisiones personales. Afirma que primero hay que abrazarse uno mismo con aceptación y confianza para luego compartir con un otro. Su propuesta parece neoliberal, pero dista de serlo: plantea “rebalsarse” de autoamor y “chorrear” a quienes nos rodean.
- Llama la atención eso tuyo tan poético…
- Tiene que ver con cómo siento, con la capacidad de sentir. El arte, la música, la literatura han estado muy fuerte en mi formación. Además, parte del trabajo conmigo mismo ha sido poder romper el deber ser de una determinada manera para transitar hacia la autenticidad y sentirme más cómodo siendo. En ese sentido, la prosa poética me acomoda; es un género escritural libre, que me permitió escribir mi primer libro sin filtro. Me conecté profundamente. Escribí con corazón, emoción, sentimiento. Me sentí vibrante…
- Escribes ahí: “Soy entreabierto y redondo, silencioso y poeta como todos…” ¿Somos todos poetas?
- Sí. Ocurre que no lo recordamos. El poeta avista lo esencial, marca el camino de la realidad al alma, como dice Walt Whitman. El poeta siente, busca y propone conexiones nuevas para compartirlo. Recordar (re-cordis) significa, en su etimología, volver a conectar con el corazón.
Nuestros conflictos vitales tiene su origen en una lectura negativa que tenemos con nosotros mismos.
- En tu libro dices que naces dormido… Eso de dormirte, ¿fue un mecanismo de sobrevivencia?
- Creo que es algo que nos pasa a todos. Uno nace abierto y conectado, pero el temor de manifestarnos en contacto con el corazón en un mundo que no vive así nos hace irnos para atrás y olvidar, porque es amenazante. Así, nos vamos condicionando y replegando nuestra esencia. Es curioso: el amor, aquello que nos puede dar más vida, más tranquilidad, mayor plenitud, es lo que nos amenaza. Me refiero a cuando nos retiramos de nuestra genuina presencia.
- ¿Cuál fue tu amenaza?
- El mundo me violentaba fácilmente porque percibía mucho. Fue no poder vivir en el mundo como los demás. Me costaba hablar, relacionarme. Me oculté a tal punto que se me olvidó quien era. Me sentía aislado. Cultivé una sensación de soledad muy fuerte. E intenté aprender a vivir como viven los demás; necesitaba sentirme bienvenido y acompañando. Construí una herramienta para funcionar y entré en el mundo con un costo emocional grande… Esa herramienta es un personaje que uno se inventa para pertenecer y funcionar, lo que me llevó a una depre muy fuerte.
- Háblame de tu personaje…
- Era el artista maldito que tiene que sufrir para crear. Uno puede replegar lo que siente, pero no puede matarlo. Yo soy muy sensible, abierto, y mi alma quería manifestarse. Sin embargo, mi personaje estaba en el juego de pertenecer, uniformarse, funcionar, moldearse, y ahí se armó un cortocircuito. Luego me di cuenta que no necesitaba sufrir. El sufrimiento consistía justamente en intentar modelarme de determinada forma para estar en el mundo. Ahí dije: “¡No más!” La posibilidad de poder vivir pleno era más cercana si me conectaba conmigo, no si intentaba aprender a vivir en el mundo.
Para Roberto Cabrera Olea nuestra auténtica libertad es salirnos del juego del sometimiento, dejar de ser víctimas y de regalar nuestro poder.
Para Roberto Cabrera Olea nuestra auténtica libertad es salirnos del juego del sometimiento, dejar de ser víctimas y de regalar nuestro poder.

Pacto personal

- ¿Y cuándo comenzaste a ser tú mismo?
Profe de la nueva era  Egresado del magíster en Ciencias Sociales y diseñador gráfico de la Universidad Arcis, Roberto Cabrera Olea es maestro de reiki e instructor de meditación de un conocido centro de formación técnica. Autor de Ser Imagen (2005) y A hiena sin presa se le caen los dientes (2012), actualmente reparte su tiempo entre la enseñanza a jóvenes terapeutas y su trabajo de diseñador de la Revista del Campo del diario El Mercurio. Asimismo, aporta con frecuencia colaboraciones para SOMOS.
- Escribir me permitió contactarme con mi ser más esencial, pero no creo que uno pueda ser uno mismo todo el rato. Lo bonito es que ahora puedo reconocer que construí cierto personaje. Lo veo y a veces me entrego a él, aunque me sienta un poco apretado. Es que a ratos no puedo estar totalmente conmigo.

- Cuéntanos, ¿qué pasó al escribir?
- Sentí nostalgia, dolor y culpa de haberme dejado de lado, olvidado…; de haber dañado a otras personas. No es que haya sido un maldito, pero no era yo quien estaba parado ahí. Comencé a sentir la vida de otra manera, me inicié en reiki. Volví a sentirme, a acordarme de mí. Recordar, por ejemplo, la capacidad de amar, de conectar con las personas, de intuir cosas, de sentir claridades; comencé a vincularme con personas muy libres, formas de estar que me hacían mucho sentido.
- Construyamos tu manifiesto…
- Ok. Estamos acostumbrados a hacer convenciones, y seguimos con el mecanismo de creer que tenemos que enfocarnos hacia nuestro entorno y transformarlo. Propongo que dejemos de hacer acuerdos afuera para cambiar el mundo. El planeta va a cambiar por resonancia cuando nos conectemos con nosotros mismos y tomemos una decisión.
Y no se trata de no denunciar o desnudar a quienes oprimen, sino de no esperar necesariamente un cambio en ellos. Somos nosotros quienes tenemos que hacernos cargo de la transformación global partiendo por una escala humana, pequeña y cotidiana. Mi planteamiento tiene que ver con transitar desde un pacto social a un pacto individual.
- ¿Con quién es ese pacto?
- Es con uno, pero no con el personaje de uno. Nuestros conflictos tienen su origen en una lectura negativa que tenemos de nosotros mismos. Rechazamos una parte nuestra o no se nos permite manifestarla cuando tenemos conflicto con esa parte. Hay que tener la valentía de entrar en lo que no nos gusta o no queremos ver. Eso es valentía. Tiene que ver con nuestra percepción. Replicamos nuestros fantasmas. Es una creación necesaria para darnos sentido. Hay que abrazar eso incluso cuando se reedita en la actualidad.
- ¿Somos buscadores de sentido?
- Buscar es, por definición, una trampa. Cuando uno busca, hay algo que nos falta y nos quedamos en la carencia. Así, confundimos búsqueda con reconocimiento. Si reconozco mi patrimonio existencial me siento completo con todo lo que soy y con todo lo que creo no ser. Y cuando uno se va completando, se va transformando en un ser amoroso. Es entender que la lucha no es afuera.
Roberto Cabrera, escritor y docente: De la realidad al alma… Hay que dar vuelta el espejo. Me veo y veo que el cocreador de las circunstancias que vivo soy yo. Reconozco que el que estoy mirando en el espejo es quien participa generando mi situación. Es, de alguna forma, ver a Dios. Los monstruos y fantasmas son creaciones necesarias para darle sentido a nuestra percepción del mundo que creamos y, más encima, replicamos afuera, y comprobamos que es así todo el tiempo. Hacemos resonar afuera lo que tenemos adentro.
El tema es aceptar esos monstruos como hijos y abrazarlos. Es lo que uno hace con los amigos. Le dices: “Tranquilo, que esto va a pasar…” ¿Por qué no podemos hacerlo con nosotros mismos? Y esa falta de autoamor, autorreconocimiento y autocobijo es lo que nos lleva a tener conflictos afuera. Estamos pidiendo que desde afuera se nos entregue algo, y nadie tiene ninguna responsabilidad frente a nuestra vida. ¿Por qué necesitamos modificar el afuera?
- ¿Qué implica conquistar el interior?
- Implica tomar una decisión. Y el punto de partida es la automaestría. Estar alerta a esas experiencias e inspiraciones que necesitamos para generar una propia forma de vida de acuerdo de lo que estamos sintiendo.
Somos únicos e irrepetibles. Es encontrar las propias respuestas, encontrarse con la sabiduría propia, sentirse, aceptarse, quererse, sostenerse amorosamente, darse cuenta.
- O sea, poner consciencia…
- Absolutamente. Cuando uno se va encontrando consigo mismo, se comienza a escuchar y a ser consciente de sí mismo. Comienza a validar sus propias respuestas. Comienza a conectarse con lo que lo hace vibrar. Ahí uno se está acercando al origen, que es uno mismo.
(Fotografía: Angélica Guerra)
(Fotografía: Angélica Guerra)

Ser sin propósito

- ¿Necesitamos cambiar realmente?
- Es una buena interrogante. Necesitamos dejar de poner la atención en el cambio mismo. La transformación va a suceder cuando aceptemos lo que nos daña o perturba. El cambio, rechazando lo que somos hoy, no funciona. Si aceptamos nuestras condiciones, todos nuestros lados, lo que nos constituye, ya estamos en ruta amorosa al cambio.
Sentientendimiento  En sus libros, Roberto pide préstamos lingüísticos y crea neologismos. Uno de ellos es su concepto de “sentientendimiento”, que une sentimiento y entendimiento en un lazo integrador e indisoluble. Él explica: “Me refiero a esas comprensiones que se perciben, se sienten corporalmente, no son un puro acto de entendimiento mental”. Y plantea que en estos tiempos no queda más que conocer, entender y aprender desde el centro del corazón.
El sufrimiento aparece cuando emerge el rechazo, la ignorancia. Sientes que no entiendes y que es algo externo que no provocaste. Es comprender por qué te llegó ese dolor, abrazando eso displacentero un ratito. Eres responsable de tu circunstancia… No hay castigo ni premio, sólo una nivelación energética.

El asunto es hacernos cargo de cómo portamos nuestra situación y poner consciencia en cómo participamos en ella. Pasa mucho con las parejas – la gran escuela- que de pronto dejas de dar amor y comienzas a pedir. El otro no tiene que hacerte feliz… ¡sólo tiene que ser! ¡Ser él o ella misma!
- ¿A qué vinimos?
- El propósito es dejar de encontrar algo específico adonde llegar. “¡Quiero estar mejor!” Eso es muy tramposo. Estamos rechazando y perdiendo la oportunidad de algo. No perdernos el momento presente. Este es un camino maestro. Quien se atreva a realizar una experiencia humana tiene que ser muy valiente. El tema de la libertad no tiene que ver con el espacio que nos rodea. Es muy fácil sentirnos atrapados, aburridos o agotados, y no querer más, sentir que el mundo está mal. Se puede lograr una realización completa en un cuerpo humano.
Estamos invitados a vibrar alto, pero la resistencia nos tiene anclados. Vinimos a jugar. A vivir el misterio y recordar y asombrarnos. El poeta se asombra. El asombro es energía de vida. Vinimos a vivir experiencias. Vinimos a ser… sin propósito. ¿En qué nos afirmamos? En ser, ni bueno ni malo ni nada. Vinimos a ser sin propósito.
La posibilidad de poder vivir pleno no tenía que ver con aprender a vivir en el mundo, sino con conectarme conmigo mismo.
- ¿Vinimos a ser sin propósito?
- ¡Me gusta y le encuentro mucho sentido! ¡Sí! Encarnar es venir a vivir experiencias sin propósito. Si, vinimos a ¡simplemente ser! Instalados ahí, todo cabe… Es legitimar lo que quieras vivir buscando la propia forma. No existen recetas. Por ejemplo, yo sólo quiero estar tranquilo. Reconozco ese estado y puedo decidir y luego hacerme cargo, sostenerlo. Sucede que tenemos miedo a sentir lo que somos y entregamos poder a otros, no a lo que sentimos y nos hace real sentido.
- ¿Cuándo el miedo se transforma en obstáculo?
- Cuando ya no es una señal de alerta, cuando nos gobierna. Y somos viciosos, adictos. Tenemos miedo a simplemente ser. Entonces nos entregamos a que los demás nos digan qué hacer. Me refiero, por ejemplo, a convenciones sociales. Así, seguimos ciertas convenciones para sentirnos queridos. Somos miedosos por falta de amor.
El antídoto, como siempre, es el amor. Y el mejor amor que podemos recibir es el propio amor. El que viene de afuera es un extra, un regalito. “Yo soy el que soy” es una frase que todos deberíamos decir. Desde ahí no necesitamos que nos aprueben. Si somos valiosos vamos a ver valor en el otro. Le entregamos poder a alguien y de vuelta le exigimos que se haga cargo. Si dejamos de entregar poder a las autoridades, nos encaminaremos hacia una sociedad sana.
Somos, sin la necesidad de la retribución ni el reconocimiento. La reciprocidad y el respeto por el otro se dan por rebalse de nuestro autoamor. No necesitamos dar las gracias. Es sentir gratitud sin objeto.
- Cuéntame de las secuelas del miedo…
- Comenzamos a ver que existe una presa y un predador. Hay algunos que se arrogan cierto poder, pero finalmente somos presas no de ese puñado de personas que gobierna la humanidad, sino de no ser conscientes. Somos presas de nosotros mismos. La peor secuela del miedo es intentar ser otro, ser algo distinto. Tener que ser algo que no somos. Eso es súper invalidante; nos desempodera. El daño que nos podemos provocar al querer ser otro es salvaje. No somos nada y tenemos que hacernos. Así perteneceremos, nos reconocerán.
Nos educan para ser otros, nos uniforman. Los mismos dichos de la domesticación durante la crianza son tremendos. Por ejemplo: “Apréndele a tu hermano”, “Por qué no lo puedes hacer igual que Juanito”. Y la ruta para volver a nosotros mismos puede ser larga y dolorosa. Para finalmente no intentar cambiarnos una vez más, sino encontrarnos y abrazarnos a nosotros mismos, tal como somos. 

viernes, 28 de marzo de 2014

Thich Naht Hanh

Thich Naht Hanh

La gente, normalmente, corta la realidad en secciones y la divide en compartimientos, y de esta manera son incapaces de ver la interdependencia de todos los fenómenos. Ver uno en todo y todo en uno es traspasar la gran barrera que estrecha las propias percepciones de la realidad, una barrera que el Budismo denomina apego a las falsas percepciones del ser. Apego a las falsas percepciones del ser significa presencia de entidades inmutables con existencia propia. Traspasar esa falsa percepción significa liberarse del miedo, el dolor y la ansiedad El Sutra Prajnaparamita Hrdya dice que cuando el bodhisattva Quanthe-Am vio como de la realidad de los cinco agregados surgía el vacío del ser, fue liberado de todo sufrimiento, dolor, duda e ira. Lo mismo puede aplicarse a ti, Quang, a mí y a todos los trabajadores. Si contemplamos los cinco agregados de una forma tenaz y diligente, también nosotros seremos liberados de todo sufrimiento, temor y miedo. El Bodhisattva Avalokita está considerado como el que ofrece el regalo de la intrepidez a los otros, y no debemos olvidad la naturaleza de este regalo. Se realiza por medio de la contemplación de la naturaleza interdependiente de los cinco agregados. Sin embargo, debemos realizar que si el dador lo ofrece con todo su corazón, el receptor debe también aceptarlo con todo su corazón.
Sólo así puede ser recibido el regalo.

El practicante debe derribar todas las barreras para vivir como parte de la vida universal. Una persona no es una entidad privada ni viaja sin ser afectada a través del tiempo y del espacio como si estuviera aislada del resto del mundo por una fina concha. El vivir 100 ó 100.000 vidas aislado de esta manera no sólo no es vida, sino que no es posible. En nuestra vida hay presentes una multitud de fenómenos, de la misma manera que nosotros estamos presentes en muchos fenómenos diferentes. Somos vida y la vida no tiene límites. Quizás podríamos decir que sólo vivimos cuando vivimos la vida del mundo y de esta manera vivimos los sufrimientos y alegrías de los otros. El sufrimiento ajeno es nuestro propio sufrimiento y la felicidad ajena es nuestra propia felicidad. Si nuestras vidas no tienen límites, la unión de los cinco agregados que constituyen nuestro ser tampoco tiene límites. El carácter impermanente del universo, los éxitos y fracasos de la vida ya no nos manipularán. Habiendo visto la realidad de la interdependencia y habiendo penetrado profundamente esa realidad, nada podrá ya oprimirnos.

La meditación en la interdependencia tiene que ser practicada constantemente. Debemos dedicarle tiempo durante nuestra meditación formal, pero esta interdependencia debe llegar a ser parte integral de nuestro entorno durante nuestras tareas diarias. Debemos ver a la persona que está frente a nosotros como a nosotros mismos y que nosotros somos esa misma persona. Debemos poder ver el proceso del inter-origen y la interdependencia de todos los acontecimientos, tanto de los que están sucediendo como de los que sucederán.


Thich Naht Hanh
Extracto de: Como lograr el milagro de vivir despierto.


Pag. Anterior: Varios/Otros - Uno es Todo, Todo es uno.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/index.php?ndx=3207

Pag. Siguiente: Varios/Otros - Paseo sobre las Olas del Nacimiento y la Muerte.
http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/index.php?ndx=3327