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lunes, 7 de enero de 2013
martes, 1 de enero de 2013
SOLTAR EL PASADO, CREAR EL FUTURO
http://www.fernandobotella.net/2013/01/soltar-el-pasado-crear-el-futuro.html
Tres Esfinges de Bikini
Salvador Dali
2013, nos levantamos hoy empezando un nuevo año.
Momento, quizás de una forma simbólica, para plantearse cambios en la hoja de ruta de nuestra vida.
Para abandonar lo inútil, lo que nos sobra, huir de los despropósitos, renunciar a lo dañino, cambiar, soltar el lastre del pasado, ...
Y para abrazar lo nuevo, lo deseado, lo que tanto esperábamos, los nuevos propósitos, entusiasmarnos
con lo que vamos a iniciar y con lo que ni siquiera ahora sabemos que llegará, ...
Hora de atreverse.
Una invitación, en un nuevo año que comienza, a pensar que el pasado ya ha pasado.
Y que el futuro, que bueno, aún no ha llegado. Se está construyendo en el presente.
Sólo el momento presente dispone de nuestra vida.
¿Por qué no abandonar nuestros lamentos de ayer?
Y ..., ¿por qué no despojarnos de las preocupaciones del futuro?
¿Por qué no acariciar el presente, a la vez que diseñamos con nuestras elecciones, el futuro que deseamos?
Las verdaderas maravillas de la vida están a nuestro alrededor. Están aquí.
El paraíso está en la tierra y este es el verdadero milagro.
Las montañas y el mar, el cielo azul, el azul de sus ojos, los árboles, lo que amamos, la música, ...
TODO ESTÁ
AQUÍ,
AHORA
Esperando ser recibido, vivido, usado.
Pero cuando nos perdemos en los sufrimientos del pasado o en los miedos del futuro, perdemos la oportunidad
de estar en contacto con estas maravillas que el presente dispone para nosotros.
...Y es que no hay ningún camino
que nos lleve a la felicidad
porque la felicidad es el camino.
La felicidad es la capacidad individual de cada uno para ser feliz.
Es decir, para decidir conscientemente ser feliz. Eso es la felicidad.
Si no la hacemos objeto de nuestra percepción no se convertirá en real.
Es nuestra atención consciente lo que nos ayuda a ser cada uno lo que somos.
Cultivar nuestra atención es cultivar nuestra felicidad.
Y para ello tenemos que estar en paz con el pasado y salir de los miedos del futuro
porque, de no hacerlo, nuestra mente estará más viajando a ello que viviendo lo que ahora tiene y desea.
Revisa el pasado. No huyas de él. Si algo de él te genera rencor, molestia, odio, miedo, ...
suéltalo.
No lo lleves contigo.
El pasado ya pasó. No existe ni puede ser cambiado.
Al soltar el pasado desaparecen los miedos del presente, los que te paralizan.
Y, desde ahí, sanas y empiezas a decidir libremente tu futuro.
En este 2013, que ahora empieza, hay diez ideas
que querría compartir, una vez sanado el pasado, que en mi opinión, son muy necesarias para crear un futuro
deseado, feliz, diferente, divertido, ...
Quiero, a modo de pequeño resumen, compartirlas contigo en este primer post del nuevo año.
Son diez ideas fuerza que se viven desde una mente que gira en torno a la búsqueda de la auténtica abundancia.
Leonardo Da Vinci decía que...
"la realidad es como una esfera,
se puede cortar por diferentes partes;
depende por donde se corte
así se crea una realidad u otra"
Ahí van,
EL VERDADERO PODER ESTÁ EN TI
En el poder de, libremente, elegir la actitud con la que te enfrentarás a todo lo que te sucede.
La actitud individual elegida en cada momento es un acto de libertad. La mayor de la libertades humanas.
Es el gran poder.
La actitud es la disposición mental elegida ante un hecho.
Eso sí, se alimenta de nuestras creencias, de nuestro pasado, de las experiencias, del conocimiento productivo o no, etc...
Por ello tenemos que cuidar nuestras creencias y des-habilitar las perjudiciales. Soltar el pasado.
Una actitud negativa a abandonar es centrar la mente en lo que no se tiene, en lugar de aceptar lo que se dispone
y usar toda la energía en ello. Desde la aceptación se llega a lo nuevo a lo deseado; nunca desde la resignación.
La verdadera diferencia entre una persona que vive una vida mágica y otra que no lo hace
no está en las circunstancias, sino en las actitudes.
La actitud es el pincel con el que la mente colorea la vida.
Y, lo mejor, somos nosotros quienes elegimos los colores.
UN CUERPO EN MOVIMIENTO
El movimiento afecta a tus emociones.
No subestimes la capacidad que tiene mover tu cuerpo en tu estado de bienestar.
Haz ejercicio, salta, pasea, corre, baila, ...
Los sentimientos se dejan influenciar por la postura corporal.
El chasis de tu vida es tu cuerpo. Debes cuidarlo. El instruye a través de múltiples reacciones químicas y nerviosas
al resto de sistemas biológicos y afectan así a tu estado y posición ante la propia vida.
Y no olvides esto: la falta de luz del día puede generarte sentimientos depresivos.
Pasea y busca la luz de la fuente sol.
EL MOMENTO ESTÁ AHORA
Lo explicaré con un poema hindú de Kalidasa muy conocido.
¡Mira este día!
Pues es la vida, la propia vida de la vida.
En su breve curso
están contenidas todas las verdades y realidades de tu existencia:
La bendición del crecimiento,
la gloria de la acción,
el esplendor de la belleza.
Ayer no es más que un sueño.
Y mañana es tan sólo una visión.
Si vives bien el hoy harás que ayer sea un sueño feliz
y mañana una visión de esperanza.
Por ello, ¡mira este día!
Este es el saludo al amanecer.
Nada más que añadir.
ACEPTA LO ESPECIAL QUE ERES
Cada persona somos única. Especial.
Y esto es mágico. La diversidad nos ayuda a completarnos.
Acéptalo. Y desde ahí cambia lo que necesites. Crece.
Los demás sólo son un espejo nuestro, distorsionados por nuestra propia autobiografía. Pues no mires ahí.
No busque en otros a ti. Estás en ti. Busca en tu interior. Mira dentro de ti.
Averigua como se forjó la imagen que tienes de ti.
Quédate con lo que necesites, te guste, te sacie. Afírmalo positivamente en ti.
Y suelta lo que no te sea útil.
Actúa del modo que te gustaría ser. Y así, lo serás. Este es el secreto.
CREA METAS
Y si lo prefieres le llamo sueños.
No dejes de soñar. Soñar es presente. Es vivir en el ahora lo que deseo en mi visión de futuro.
Es traer futuro al presente.
Las metas, los sueños, dan a nuestra vida significado, propósito.
No podemos vivir sin ellos.
Teniendo metas, proyectos, vivimos cerca del placer, abandonamos el dolor.
Ah, y si te es posible escríbelas y léelas al menos tres veces al día.
EL PODER DE LA RISA
Y en general del sentido el humor.
Sin humor no hay creación.
Sin diversión hay distensión, aparcamiento, aburrimiento, desidia.
El sentido del humor potencia los circuitos de la creatividad.
Alivia el estrés. Y crea sentimientos percibidos de felicidad.
La risa aumenta, aunque muchos crean lo contrario, nuestro poder de concentración y de creación.
Aumenta nuestra capacidad para incubar nuevas soluciones ante cualquier problema.
Y además nos hace que le quitemos importancia a las pequeñas cosas que nos preocupan sin razón.
Chaplin decía que un día sin risa es un día perdido.
Yo termino mis conferencias siempre parafraseando a Charlot diciendo que
"un día sin risa y sin amor es un día perdido"
¿Acaso no viajan juntos?
LA FUENTE DEL PERDÓN
El perdón es la llave que abre la puerta de la felicidad.
Si no perdonamos y nos perdonamos nos paramos.
No soltamos el pasado.
Nos nos permitimos crear el futuro.
Con resentimientos, con odios, no se puede ser feliz. Es incompatible.
Todo lo que hemos vivido son lecciones de vida. Aprendamos. Aceptemos.
Y...perdonemos.
Recuérdate siempre que quien sufre por no perdonar eres sólo tú.
El perdón te libera. Te deja sin condena.
El perdón te aparta del juicio y la crítica del otro.
No es el tiempo lo que cura las heridas. Es el perdón lo que las cura.
EL PEDIR Y EL DAR
Dar y pedir van de la mano.
Uno sin el otro es como una moneda de una sólo cara.
Dar felicidad es recibirla.
El éxito no se haya en el tener. Porque en realidad nadie tenemos nada.
Está en el dar y recibir. Recibir que a veces nos llega y que otras se pide.
Pedir es un acto generoso. ¡ Practícalo !
Y piensa que una de las formas más fáciles y baratas que tienes de dar, para también recibir,
es dar tiempo para que suceda lo que deseas, a las personas que amas, a tus amigos, colegas, ...
Dar tiempo es disponer de vida para otros. Y es vivir con consciencia el instante.
La vida esto te lo devuelve.
No lo escatimes.
Y no lo ahorres para mañana; es un auto-engaño el tiempo que no das hoy no lo tendrás mañana. Se pierde.
ELEGIR LAS RELACIONES
Es algo que te invito a practicar.
Tu vida depende de tus relaciones. La calidad de la misma, depende de tus relaciones.
Piensa en tu pasado, se construyó en base a tus relaciones.
Decide tu futuro y para ello tienes que decidir tus relaciones.
No somo islas. Vivimos inter-dependientemente.
Si estás con las personas que quieres estar, los momentos felices serán más felices
y los malos tiempos serán menos malos.
Huye de las personas que para ti son tóxicas. Para otros serán beneficiosas.
No mantengas relaciones que te hagan sentirte mal.
Por el contrario, enriquécete y multiplícate con las relaciones deseadas.
Las alegrías en este caso se doblarán y las penas se dividirán.
Trata a las personas que amas en cada instante como si ya nunca más los fueses a volver a ver.
Y, aunque pudiera parecer duro, no pongas esfuerzo ni ningún tipo de energía
en las relaciones que a ti no te aportan nada.
VALENTÍA
Con una sola palabra.
Coraje que nace de la pasión, del entusiasmo, para pasar a la acción.
La valentia se alimenta de la voluntad. Ponerse en movimiento.
Dejar de pensar y pasar al hacer
Salir del saber y sentir la vida haciéndola.
No se trataría de no tener miedo, sino de conquistarlo.
Si no lo conquistamos nos perdemos la determinación para actuar. Nos paralizamos.
Como dicen mis tarjetas de visita y es motor en nuestra vida profesional:
"No podrás atravesar el mar, simplemente mirando el agua".
Y un regalo adicional ...
EL PODER DEL AMOR
Es el resumen final.
Es el mandamiento que recoge los otro mandamientos.
Sí hay amor casi todo lo anterior empieza a surgir por sí mismo.
Ya sabes, dónde hay amor no hay miedo.
Donde hay amor surge el coraje para la realización. Y la mente explora, busca nuevas vías.
Si hay amor las relaciones son fructíferas. Y se acepta la realidad inteligentemente, con visión positiva.
Con amor se pide. Y se da.
El perdón necesita del amor. Con amor no hay juicio.
Donde hay amor no hay prisa. Todo fluye.
El amor es el milagro de la vida.
En el amor se resumen el resto de las emociones.
Y todo esto deseos compartidos para que el 2013 pueda ser el año que esperamos.
Para celebrar hoy el día del Nuevo Año sin olvidar que como principio de algo, también tendrá su fin.
Y que cada día también empieza y termina. También debería ser motivo de una celebración.
Y que cada segundo también empieza y termina. También debería ser motivo de una celebración.
Objetivo:
CELEBRAR
CADA INSTANTE
DE NUESTRA VIDA
... Con mis mejores deseos para este nuevo 2013
Libertad
“Hállate a ti mismo más allá de las construcciones mentales adquiridas a través de la educación recibida "
lunes, 31 de diciembre de 2012
Díalogos con María Montessori
Aunque se han introducido detalles literarios para crear la ilusión de un diálogo (¡no es ilusión!, diría Borges, si leer es como hablar con los muertos…) todo lo que la Dra. Montessori desarrolla aquí en lo referido a sus postulados, método y opiniones se ha tomado de sus textos literalmente.
La Dra. Montessori me citó en un lúgubre pasaje de las afueras de Roma, ciudad algo inhóspita por estos años, y especialmente para mí que llegué por medios poco habituales. Para ambos prometía ser un encuentro extraño: dos seres del mismo mundo, pero a la vez de mundos diferentes, pues el tiempo que nos separaba haría de esta conversación quién sabe qué. ¿Un imposible? ¿Un fascinante desafío?
Cuando nos encontramos, caminamos por unas veredas llenas de meandros y cruzamos calles inverosímiles escapando a la visibilidad de las ochavas con un taconeo nervioso.
En esos primeros momentos ella me habló vagamente de su adolescencia, de las negativas de su padre a permitirle seguir la carrera médica y de cómo se resistió a convertirse en una maestra, como se lo dictaba el mandato familiar, y fue la primera médica italiana de la historia. “Rara paradoja”, observé balbuceando un pésimo italiano que ella supo perdonar, “que sin embargo se haya terminado dedicando a la educación”. Me miró con una sonrisa amarga: “mi mérito no es haber querido desafiar a mis padres, sino haber querido desafiar a la escuela”, y agregó, deteniéndose frente a la vidriera de una oscura taberna: “venga, entremos…”.
Doctora Montessori, gracias por su amabilidad al conceder esta entrevista a Antes de Ayer. Quisiera comenzar, puesto que esta web está dedicada a la infancia, preguntándole por su concepción del niño.
Muy bien. Comencemos diciendo que el niño es una abstracción filosófica inexistente. En las escuelas hemos tenido hasta ahora como principio de justicia la uniformidad niveladora de los escolares. Una igualdad abstracta que lleva a todas las individualidades infantiles hacia un tipo que no puede ser llamado ideal porque no representa un ejemplo de perfección…
¿Quiere decir que el niño es en realidad una “construcción”, una idea de los adultos?
No, no, todo lo contrario. Se ve que usted piensa desde su siglo… Mi idea es otra. Cuando se dice que el padre y la madre “construyen” los hijos se repite una expresión inexacta. Es preciso decir que el hombre ha sido construido por el niño, éste es el padre del hombre.
El bien o el mal del hombre maduro tienen relación muy estrecha con la vida del niño, que fue origen. Es sobre el niño que caerán y se grabarán todos nuestros errores y es el niño el que escogerá los frutos de manera indeleble. Nosotros moriremos, pero nuestros hijos sufrirán las consecuencias del mal que habrá deformado su alma para siempre.
El ciclo es continuo y no se puede interrumpir. Tocar al niño es tocar el punto más sensible de un todo que tiene sus raíces en el mas lejano pasado y que se dirige hacia el infinito porvenir. Tocar al niño, es tocar el punto más delicado y vital en el que todo puede decidirse y renovarse, donde todo es vida, donde se hallan encerrados los secretos del alma, porque, allí se elabora la creación del hombre.
| Trabajar conscientemente para el niño e ir hasta el fin con la intención prodigiosa de salvarlo, equivaldría a conquistar el secreto de la humanidad, como fueron conquistados tantos ocultamientos de la naturaleza exterior. |
“CEGUERA” sería la palabra, en mi opinión. Y la ceguera impresionante del adulto, su insensibilidad hacia sus hijos —frutos de su propia vida— tienen, ciertamente, lastres que se han extendido a través de generaciones. El adulto que ama al niño, pero que lo desprecia inconscientemente, provoca en éste un sufrimiento secreto, espejo de nuestros errores y advertencia para nuestra conducta. Todo ello revela un conflicto universal, inconsciente.
Después de treinta años de estudios, lo consideramos como el ser humano olvidado por la sociedad y más aún por aquellos que le otorgan y conservan la vida. ¿Qué es el niño? Es el estorbo constante del adulto, absorbido y fatigado por ocupaciones cada vez más exigentes. No hay sitio para el niño en la casa, cada día más reducida, de la ciudad moderna, donde las familias se acumulan. No hay lugar para él en las calles, porque los vehículos se multiplican y las aceras se hallan llenas de gente que tiene prisa. Los adultos, cuando las ocupaciones los absorben, carecen de tiempo para ocuparse del niño. El padre y la madre trabajan fuera de la casa y cuando no lo hacen, la miseria los oprime y arrastra al niño junto con los adultos. Hasta en las mejores situaciones, el niño es abandonado en su habitación, en manos de gente extraña pagada para que se ocupe de él; además se le prohíbe la entrada a la parte de la casa destinada a los padres. No hay refugio alguno donde el niño pueda sentir que es comprendido, donde pueda ejercer su actividad. Es preciso que permanezca quieto, que se calle, que no toque nada, pues nada le pertenece. Todo es propiedad inviolable del adulto, prohibida al niño. ¿Dónde están sus cosas? No posee ninguna. Hasta hace algunas decenas de años, ni siquiera existían sillas especiales para ellos. De ello se derivó aquella famosa expresión —que en la actualidad sólo tiene sentido metafórico—: “Te he tenido sobre mis rodillas cuando eras pequeñuelo” o “Aprendiste esto sobre el regazo de tu mamá”.
Creo que se sorprendería si conociera a los niños de donde yo vengo. Hace poco entrevistamos a un especialista que sostenía la tesis de que una revolucionaria inversión en esta “ceguera” a la que usted se refiere constituye la clave para entender nuestra sociedad.
Es claro que usted y yo vivimos tiempos distintos… aquí no ha pasado nada de eso. Cuando el niño se sentaba sobre los muebles paternos o en el suelo, era reñido; si se sentaba sobre los peldaños de la escalera era castigado; para que pudiese sentarse, era preciso que un adulto se dignara tomarlo sobre sus rodillas. He aquí la situación del niño que vive en el ambiente del adulto: es un perturbador que busca y nada encuentra para él, que penetra en un lugar y es expulsado.
Un alienado…
Digamos que su posición es como la del hombre sin derechos civiles y sin ambiente propio: un extrasocial a quien todo el mundo puede tratar sin respeto alguno, insultar, azotar y castigar, ejerciendo un derecho recibido de la naturaleza: el derecho del adulto.
Por un fenómeno psíquico misterioso, el adulto se olvidó de preparar un ambiente adecuado para su hijo. En la organización social descuidó a su hijo; en la elaboración de leyes sucesivas dejó sin leyes a su propio heredero y, por consiguiente, fuera de la ley. Lo abandonó sin dirección al instinto de tiranía que existe en el fondo del corazón de todo adulto. Esto es lo que encuentra el niño que llega al mundo con su aporte de nuevas energías, que debiera ser como el soplo regenerador que, de generación en generación, rechaza los gases asfixiantes acumulados durante una vida humana llena de errores.
Me está sugiriendo un panorama poco menos que nefasto… ¿Usted cree que el hombre es en esencia “malo”?
No, yo no diría eso. Mas bien lo contrario, recuerdo por ejemplo las opiniones y críticas que llegaron de todas partes: de filósofos, pedagogos y personas comunes ante el éxito de mis modelos de enseñanza. Me decían, cuando hice leer y escribir a niños de cuatro años: “¿Cómo puede ser tan optimista acerca de la naturaleza humana?”. Como verá, esto remite al lado opuesto de su pregunta.
Pero la gran lucha, que no ha terminado, proviene de los filósofos y de los religiosos, que atribuían los hechos, que fueron atestiguados por tantas personas, a opiniones mías. Para algunos, era una admiradora de Rousseau que creía, con él, que “todo es bueno en el hombre pero que todo se pierde en contacto con la sociedad”, y había realizado en las escuelas una especie de romance, como Rousseau lo había hecho en un libro.
Ni aun discutiendo conmigo se podía llegar a una explicación clara o convincente. Una persona conocida escribió en un diario muy serio: “la Montessori es una pobre filósofa”. Para los religiosos, yo estaba contra la fe y muchos se me acercaron para explicarme el hecho del “pecado original”. Se puede imaginar qué podían pensar los calvinistas o, en general, los protestantes, convencidos de la maldad innata del hombre.
Entonces ¿cómo cree usted que llega a tener lugar esta suerte de olvido cruel hacia el niño?
Es algo mas sutil. En los innumerables volúmenes sobre la historia de los hombres, nunca aparece el niño. Nunca se lo toma en cuenta en la política, en la organización social, en la guerra… El adulto habla como si existiera solamente él, y el niño sólo forma parte de la vida privada. Es un objeto que significa deberes y sacrificios para los adultos, y por lo tanto merece castigos cuando molesta.
Soñando con un paraíso terrestre en el mundo futuro, el adulto imagina solamente a Adán, Eva y la serpiente. En el paraíso terrenal no existe el niño. Y el hecho de que pueda provenir del niño una ayuda, una luz, una enseñanza, una nueva visión no ha entrado todavía en la mentalidad social.
En mi tiempo se ha comenzado a recuperar el sentido de lo privado en la historia, y no sólo en relación a la infancia, sino también al lugar de hombres y mujeres en la historia. ¡Usted misma es un buen ejemplo de eso…! Si pudiera usted conocer la obra de Phillipe Ariès estaría encantada… o al menos tendría más esperanzas.
No, no crea, si yo de hecho tengo ESPERANZAS. Creo que estamos ahora en el umbral de una nueva época; aquélla en que será preciso trabajar para dos humanidades distintas: la del adulto y la del niño. Y vamos hacia una civilización que deberá preparar dos ambientes sociales, dos mundos distintos, el del adulto y el del niño.
Ha llegado la hora del niño. Se plantea, pues, una cuestión social importante, con todo su poder: LA CUESTIÓN SOCIAL DEL NIÑO.
¿Qué alcance cree que tendrá este movimiento, pensando por ejemplo en un futuro muy lejano, digamos en el año 2000?
No se burle, venir del futuro no le da derecho… No hay dudas del alcance de un movimiento social en favor del niño; tiene una importancia inmensa para la sociedad, para la civilización, para toda la humanidad. Ha aparecido un impulso real y universal, que representa una reforma social a nuestro alrededor. Si esta reforma es considerable, y anuncia nuevos tiempos y una nueva era de esta civilización, somos los últimos sobrevivientes de una época, YA CADUCA, en la que los hombres sólo se preocupaban en construir un ambiente cómodo para sí, un ambiente para la humanidad adulta.
La cuestión social del niño penetra con sus raíces en la vida interior; se extiende hacia nosotros, los adultos, para sacudir nuestra conciencia y renovarnos. El niño no es un extraño que el adulto puede sólo considerar desde el exterior, con criterios objetivos. El niño es la parte más importante de la vida del adulto. Es el constructor del adulto.
Y a qué causas atribuye usted este nuevo movimiento?
Creo que no ha sido organizado ni dirigido por ningún iniciador. Ha brotado como una evolución natural en una tierra volcánica, donde espontáneamente se desprenden llamas dispersas por todas partes. Así nacen los grandes movimientos. Sin duda alguna, la ciencia contribuyó a ello; se la puede considerar como la iniciadora del movimiento social del niño. La higiene comenzó a combatir la mortalidad infantil, seguidamente demostró que el niño era víctima del trato escolar, un mártir desconocido, un condenado perpetuo durante su infancia, pues terminado el estado infantil, acaba también la época de la escuela.
Muchos reformadores actuales tienen en cuenta al niño; en la urbanización de las ciudades se le construyen parques; en la construcción de plazas y jardines se reservan lugares para juegos infantiles; en la organización de teatros se piensa en los espectáculos para, niños; se editan periódicos y libros infantiles, se organizan viajes para niños y hasta en las esferas industriales, los fabricantes piensan en los niños, construyendo para ellos muebles y vajillas. Desarrollada la organización consciente de clases, se procura organizar a los niños, dándoles el sentimiento de disciplina social y de la dignidad que deriva del individuo, como ocurre en ciertas organizaciones infantiles tales como los boy-scouts y las “repúblicas para niños”.
Este movimiento actuaría como una positiva revolución…
Principalmente positiva, pero no sólo positiva…los deformadores políticos, revolucionarios de nuestro tiempo, se apoderan del niño para que sea un instrumento dócil de sus futuras intenciones. Por todos lados, lo mismo para el bien que para el mal, pero ya sea con la finalidad de ayudarlos o con el objetivo interesado de servirse de él como instrumento, el niño está ahora presente. Ha nacido como individuo social. Es fuerte y penetra en todos lados. Ya no es únicamente un miembro de la familia; ya no aquél que el domingo, con sus vestidos de fiesta, se paseaba dócilmente de la mano del padre.
Quisiera volver sobre algo que dijo usted hace un momento. ¿Cree usted que la escuela maltrata a los niños?
¿Usted me hace preguntas sensacionalistas a propósito? ¿En qué periódico dijo que se publicará esta entrevista? Bah, no importa. Se lo ilustraré con un ejemplo. Un día, un grupo de maestros ingleses protestó públicamente; decían que ellos se retirarían de la profesión si se abolían los castigos, porque no podrían enseñar sin la existencia de los mismos.
¡Los castigos! No me había dado cuenta que los castigos eran una institución indispensable para dominar la vida de toda la humanidad infantil. Todos los hombres crecieron bajo esa humillación.
Acerca de los castigos, la Liga de las Naciones realizó una encuesta en Ginebra y el Instituto J. J. Rousseau organizó otra en nombre de la New Education Fellowship. Se preguntó en las escuelas públicas y privadas “qué clase de castigos usaban para educar a los niños”. Resulta curioso que en vez de ofenderse por una encuesta indiscreta, todos se apresuraron a dar su información y algunas instituciones parecían orgullosas de sus métodos de castigo. Algunos dijeron, por ejemplo, que prohibían el castigo inmediato para que no fuera aplicado en un momento de ira; pero anotaban cuidadosamente las faltas y aplicaban luego la pena merecida durante toda la semana. Algunas familias expresaron que mandaban a sus niños a la cama sin cenar. Era un castigo “no violento”.
No cabe la menor duda de que el castigo violento era el más común: bofetadas, insultos, palos, prisión, terribles temores imaginarios. La lista llegada a la Liga de las Naciones era la continuación, en nuestro siglo, de la sabiduría salomónica: “Aquél que no usa el bastón con su hijo, es un mal padre, porque lo condena al infierno”
En Londres pude comprar látigos que se vendían en manojos y que aún eran usados por los maestros, aunque la costumbre viniese del pasado.
Más allá de coincidir con su condena al castigo físico, entiendo que usted tal vez se refería a otro tipo de maltrato.
Si, también. Pensemos en la situación del aula: si la maestra se ha equivocado al juzgar las actitudes de sus alumnos, ellos son demasiado débiles para escapar a su opresión, están perdidos, ninguno podrá ya sustraerse a la tiranía como podía suceder en las clases de antaño con la fuga de la atención. Entonces, la maestra hablaba a muchos niños presentes, pero ausentes en su espíritu. Y ahora, en la lucha de opresiones entre el adulto y el niño, la maestra se halla más armada, la lucha se ha vuelto más encarnizada gracias al descubrimiento de instrumentos pedagógicos más destructores. Del mismo modo que ha progresado la guerra entre los hombres con sus medios de destrucción en el campo de batalla.
Es usted muy crítica con la escuela…
Debo serlo. La escuela es el ambiente social creado para los niños. Sin embargo es fácil reconocer en ella los signos de que la persona para la que fue destinada no le dio su propia contribución.
| Hasta ahora hemos querido dominar a los niños exteriormente por medio del látigo en vez de tratar de someterlos como seres humanos, con una GUÍA INTERIOR. Es por ello que han pasado por nuestro lado sin que los supiésemos conocer. |
¿La educación de los más pequeños debe, según lo que acaba usted de decir “acompañar el desarrollo”? Le parecerá tal vez algo extravagante, pero es una discusión de mi tiempo: ¿enseñar, cuidar, acompañar el desarrollo…?
No, no me parece extravagante. Es evidente que la palabra EDUCAR no se utiliza en el sentido de enseñar sino de facilitar el desarrollo psíquico del niño.
¿Quiere decir que está todo dado? ¿que el medio ambiente no incide en el desarrollo?
El factor ambiente es indudablemente secundario en los fenómenos de la vida. Puede modificar, ayudar, o destruir, pero nunca crear. Los orígenes del desarrollo son interiores, el niño no crece porque se nutre, porque respira, o se encuentra en aptas condiciones de clima. Crece porque la vida potencial que hay en él se desarrolla, se actualiza, porque el germen fecundo de donde proviene su vida se desarrolla según el destino biológico que le ha fijado la herencia.
Una gran misión dirige al niño, la de crecer y devenir hombre. Como él es inconsciente de su misión y de sus necesidades internas, y los adultos están bien lejos de la posibilidad de interpretarlas, se han creado alrededor de los niños, en la vida de familia y en la escuela, muchas circunstancias equívocas, que obstaculizan la expansión de la vida infantil. Es necesario remover todo cuanto sea posible estas circunstancias, estudiando con mayor profundidad las necesidades íntimas y ocultas de la primera infancia para corresponder así con nuestra ayuda, a liberar al niño.
En otro viaje de éstos le voy a presentar a un psicólogo soviético a quien le encantaría discutir esta cuestión con usted
No se haga el vivo, que no vino a la antigua Grecia, sino sólo unas décadas para atrás. Yo ya conozco a Vigotski… si es que a él se refiere.
Perdón, no quise ofenderla… Si le parece bien, hablemos de su método.
Si, mejor. Además es necesario dar una guía sobre la orientación que tiene nuestro trabajo. Refiriéndose a las llamadas “escuelas Montessori” y “método Montessori” hay contradicciones, dificultades e incertidumbres.
Si se aboliera no sólo el nombre, sino el término “método”, sustituido por otra indicación y hablásemos de una ayuda para que la personalidad humana pueda conquistar su independencia, de un medio para liberarla de antiguos prejuicios acerca de la educación, entonces todo se aclararía. Es la personalidad humana, y no un método de educación lo que debe considerarse. Es la defensa del niño, el reconocimiento científico de su naturaleza, la proclamación social de sus derechos lo que debe sustituir a los inarticulados modos de concebir la educación.
Si le parece bien, centrémonos en algún aspecto específico. Usted mencionó antes, por ejemplo, la lectoescritura. ¿Qué es eso?. Quiero decir que usted hizo referencia a un modo original de enseñar a leer y escribir.
Ah, por supuesto. Para recordar cómo comenzó nuestro estudio tenemos que remontarnos a muchos años atrás, cuando un grupo de niños de 4 años reveló un fenómeno inesperado que causó gran sorpresa y que se denominó “la explosión de la escritura”. Algunos niños, comenzaron a escribir espontáneamente y este hecho se propagó a un gran número de niños. Llenaron pisos y paredes con su escritura incontenible y aprendieron a leer distintos tipos de escritura: mayúsculas y minúsculas, cursivas e imprentas, y finalmente escrituras artísticas y góticas.
Era una especie de milagro. Sin embargo ¿cuál fue la reacción de los científicos de la época? No fue atribuido a un HECHO PSÍQUICO, sino a un método de educación. No se podían aunar escritura y naturaleza, la escritura debía ser la consecuencia de una paciente e ingrata preparación, el recuerdo de áridos esfuerzos y de penas soportadas en la escuela. De castigos y tormentos impuestos por alguien que no fuese analfabeto. Debía ser verdaderamente maravilloso ese método que había obtenido resultados tan brillantes en una mente tan temprana.
Eso debe haberla puesto a usted en una posición de autoridad
No tanto…Cuando los científicos extranjeros vinieron a conocer este supuesto maravilloso método, yo no tenía para mostrarles más que las letras del abecedario separadas una de la otra, letras con forma de objetos manuales y móviles, de dimensiones mas bien grandes. Estos profesores se sintieron molestos, pensaron que me burlaba de ellos. En las altas esferas se empezó a decir que todo eso no era serio, que hablar de milagros era una mistificación. Además, al ver que en vez de libros comunes adoptábamos objetos que podían ser vendibles, temieron mezclarse en una tarea comercial.
Muchos debieron convencerse de que las letras eran allí colocadas, aisladas, y ningún maestro hacía esfuerzo para enseñar a escribir. Evidentemente los niños hacían progresos por sí solos.
Algunos pensaron que todo el secreto del “milagro” consistía en haber presentado las letras del alfabeto como objetos aislados y móviles. Parecía algo simple y genial, y se lamentaban de no haberlo pensado ellos mismos.
Los adelantos, entonces, se atribuyeron a un método de educación, incierto y discutible. Y aparecieron las críticas. Se dijo que no había que sacrificar la vida mental de los pequeños para obtener resultados inútiles, porque más tarde – a los seis años – todos podrán aprender a leer y escribir, y ya se sabe cuánto esfuerzo y sacrificio cuesta.
¿Y qué pasó entonces?
El “milagro” fue oficialmente olvidado, y no llegó a interesar a la psicología moderna. Me quedó a mí el trabajo de investigar los efectos de la psicología infantil revelados por esta experiencia. Y es que nadie mejor que yo podía aislar esos hechos reales de influencia educativa que pudieran provocarlos. Era evidente para mí que alguna energía relativa a los niños de corta edad existía allí, y se había manifestado.
¿Y cuál era, finalmente, el fundamento de ese modo de enseñar?
En el abecedario de papel esmerilado encontré la guía tan deseada por el dedo que toca las letras, de modo que no sólo la VISTA, sino también el TACTO, se unían para enseñar el movimiento de la escritura con exacto control.
Nuestro trabajo también sorprendió en lo relativo a la llamada “disciplina”, o sea el importante hecho de niños pequeños que, dejados en LIBERTAD de elegir sus propias ocupaciones, de cumplir sus ejercicios sin ser molestados, quedaban en silencio y en orden.
Ellos podían permanecer así en ausencia de la maestra. La conducta colectiva de armonía social, la cualidad de carácter, sin envidia, sin competencia, dispuesta a prestar ayuda recíproca, causaba admiración.
Eran amantes del silencio; y lo buscaban como un verdadero goce. La obediencia se desarrollaba en sucesivos grados de perfección hasta llegar a una obediencia hecha con alegría, diría con deseos de obedecer; muy similar a la de los perros, cuando su dueño arroja lejos un objeto para que ellos se lo alcancen.
Qué ocurrente comparación…¿y que hay de la maestra “obedecida”? ¿Cómo lograba que la obedecieran así?
No, usted no entiende: la maestra no intervenía para obtener este extraño fenómeno. Ello no era consecuencia directa de la educación; todo ocurría espontáneamente, porque no había enseñanzas, ni exhortaciones, ni premios, ni castigos.
Se ha establecido que la educación moral no es más que la conformación de la personalidad y que es posible erradicar los malos hábitos sin que sea necesario sermonear a los niños, castigarlos, ni siquiera darles un buen ejemplo. No hacen falta amenazas ni promesas, lo que hace falta son buenas condiciones de vida. Además de los niños a los que llaman “buenos” (léase pasivos) y los que se portan mal, hay una tercera categoría aceptada por todo el mundo. Éstos últimos gozan de excelente salud, de imaginación, saltan de una cosa a la otra, y sus padres dicen que son particularmente brillantes.
El mundo aún no está capacitado para definir lo bueno y lo malo. Todo este tiempo ha juzgado erróneamente. Para obtener disciplina hay que dar libertad. No es necesario que el adulto se convierta en guía o mentor. Sólo tiene que darle a los niños las oportunidades de trabajo que antes se les habían negado.
Al principio parecía imposible que un grupo de 40 chicos se pudiera mantener en orden trabajando dentro de una misma aula, sin ninguna maestra que los controlara, en especial si se tiene en cuenta que estos niños tenían entre tres y cinco años. Los periódicos afirmaron que de ser cierto, era maravilloso. Los visitantes se empeñaban en averiguar cuál era el truco, porque estaban seguros de que era un truco.
Sin embargo, este hecho inusitado debía tener alguna causa, ser producto de alguna influencia. Si alguien me preguntaba, yo sólo podía responder: “es la libertad”, como para la explosión de la escritura había respondido: “es el abecedario móvil”.
Se dice de sus métodos que dan un lugar importante al material de juego.
El material no es un nuevo medio que se pone al alcance de la antigua maestra activa para ayudarla en su tarea de instructora. Aquí se trata de un radical cambio de actividades que antes caían en la maestra, y que por medio de nuestro método, son principalmente dejadas al niño. Lo principal son los objetos, y no la enseñanza de la maestra. Como es el niño quien los usa, pasa a ser él la entidad activa.
Esto debe haber generado sorpresa…
¿Sorpresa? ¡Descreimiento, mas bien! ¿De dónde me dijo usted que venía? En el primer hogar de niños que fundé, los chicos vivían en la misma casa, una especie de conventillo situado en las inmediaciones, y uno de los descreídos fue el embajador de la Argentina, que en esa ocasión estaba en Roma. Quería ver la escuela con sus propios ojos, llegar de improviso de modo que no estuviésemos preparados para recibir visitas. Le explicó sus intenciones a la hija del primer ministro de Italia, quien le prometió que lo acompañaría y que no diría ni una palabra en la escuela.
Pero no habían tenido en cuenta que era jueves, el día en que los chicos no van a la escuela en Italia, así que la escuela estaba cerrada. Sin embargo, salió a atenderlos un niño muy pequeño y les preguntó si necesitaban algo. No tenía más de cuatro años, y los niños pobres de esa edad no suelen dirigirse a la gente rica y extranjera con esa soltura. Pero él se expresaba con total naturalidad, y cuando le dijeron que habían ido para ver la escuela y que era una lástima que estuviera cerrada, les contestó: ¡Ah, no hay problema! El portero tiene las llaves y todos los chicos viven aquí cerca, los voy a buscar.
Doctora, ha sido un enorme placer conversar con usted
Por favor, el placer fue mío. Y disculpe que ahora lo deje, pero no salgo mucho últimamente, y ya he tenido bastantes aventuras por hoy.
http://www.altaeducacion.org/forum/topic/show?id=2292074:Topic:403312&xgs=1&xg_source=msg_share_topic
Aprendamos y enseñemos a los niños cómo ser felices
Es hora de educar a los niños para encontrar la felicidad en las cosas
intangibles, en la solidaridad, en la cooperación, en dar amor, en su
propio Ser. Pero para eso, paralelamente debemos también reeducarnos
nosotros en ese sentido, ya que de otra forma no podremos transmitir
correctamente ese conocimiento.
Es hora de educar a los niños para encontrar la felicidad
en las cosas intangibles, en la solidaridad, en la cooperación, en dar
amor, en su propio Ser. Pero para eso, paralelamente debemos también
reeducarnos nosotros en ese sentido, ya que de otra forma no podremos
transmitir correctamente ese conocimiento.
Nuestro propósito, el de cada persona en la vida, es lograr ser felices. Pero equivocadamente solemos buscar esa felicidad en el exterior. Depositamos en cosas o en otros seres la responsabilidad de hacernos felices y eso sólo puede a la larga causarnos frustración y sufrimiento. Porque de nada ni de nadie depende nuestra felicidad, más que de nosotros mismos.
Es así que, cuando deseamos tener algo que no podemos, sufrimos. Pero también sufrimos cuando lo conseguimos tener, porque se nos genera automáticamente un gran miedo a que se rompa, se estropee, nos lo roben, pase de moda o simplemente miedo a perderlo, y como todo es impermanente, cuando llega el día en que lo perdemos, sufrimos más aun.
Esa búsqueda de la felicidad en lo externo, está relacionada con el ego y no con nuestro verdadero Ser. Genera apego a cosas que tarde o temprano perderemos y es por eso que no podremos hallar en ellas la felicidad verdadera.
No se trata de no desear nada, sino de que nuestros deseos no estén regidos por el ego. Que el fin no sea Tener algo o a alguien, sino disfrutarlo mientras podamos, comprendiendo que nada es eterno.
Miremos a los niños, tenemos mucho que aprender de ellos, tenemos que volver en realidad a aprender mucho de lo que desaprendimos.
Un grupo de niños puede ser extremadamente feliz jugando con piedras, ramas, trepando árboles, fabricando herramientas o inventando juegos compartidos. Subiendo a montañas o nadando en ríos, sin que nada de eso sea suyo.
Pero el sistema educativo formal y muchas veces nosotros mismos, comenzamos a preparar a esos niños para triunfar en la sociedad, para que tengan éxito. Y ese éxito está implícitamente ligado a lo económico, a la competencia, a lograr adaptarse bien a una sociedad que está mal.
Y es así como les vamos quitando poco a poco la posibilidad de ser verdaderamente felices. Les vamos generando deseos, necesidades materiales. Decimos que les estamos enseñando a compartir, sólo porque los obligamos a prestar un ratito "sus juguetes", pero les aclaramos que son suyos y que se los van a devolver.
Les enseñamos a competir con otros y a ganarles porque de esa forma, siendo mejores que otros, es como van a conseguir triunfar en la vida. Pero no les sabemos mostrar la felicidad que produce hacer el bien, ayudar a otros desinteresadamente. La felicidad que produce un abrazo, una caricia o cualquier acto de amor.
Las escuelas no enseñan a los niños a ser felices, no les explican como conocerse y conquistarse a si mismos. No les explican, ni tampoco nosotros lo hacemos, que nunca van a alcanzar la felicidad, si sólo se dedican a perseguirla.
Y eso es porque nosotros mismos sabemos mucho más de economía, de política, de matemáticas o de geografía que de lo que hay adentro nuestro, que de lo que verdaderamente deseamos y sentimos. Dedicamos mucho mas tiempo a conocer el exterior, que el interior. Y es así como luego tampoco tenemos las herramientas ni los conocimientos para transmitirlos a nuestros niños.
Creemos que la educación de los niños, tanto la escolar como la del hogar, debe asumir un cambio profundo. Desde hace muchos años ha estado orientada a enseñar que la felicidad se encuentra en el éxito económico, en la copetencia y está claro que la gran mayoría sólo recibimos de eso frustraciones y sufrimiento.
Es entonces hora de educar a los niños para encontrar la felicidad en las cosas intangibles, en la solidaridad, en la cooperación, en dar amor, en su propio Ser. Pero para eso, paralelamente debemos también reeducarnos nosotros en ese sentido, ya que de otra forma no podremos transmitir correctamente ese conocimiento.
El camino es largo y requiere realizar un importante esfuerzo. Pero al contrario del que venimos recorriendo, que parece más cómodo pero está plagado de sufrimiento, éste es un sendero puede ofrecernos muchas cosas buenas, por lo que creemos que vale la pena intentarlo.
Nuestro deseo para este año que está por iniciar, es que cada uno de ustedes avance en el camino de la felicidad y la paz en su interior, porque de esa forma no habrá ya lugar para otra cosa en este mundo.
Ricardo Natalichio, Director de EcoPortal.net
www.ecoportal.net
Nuestro propósito, el de cada persona en la vida, es lograr ser felices. Pero equivocadamente solemos buscar esa felicidad en el exterior. Depositamos en cosas o en otros seres la responsabilidad de hacernos felices y eso sólo puede a la larga causarnos frustración y sufrimiento. Porque de nada ni de nadie depende nuestra felicidad, más que de nosotros mismos.
Es así que, cuando deseamos tener algo que no podemos, sufrimos. Pero también sufrimos cuando lo conseguimos tener, porque se nos genera automáticamente un gran miedo a que se rompa, se estropee, nos lo roben, pase de moda o simplemente miedo a perderlo, y como todo es impermanente, cuando llega el día en que lo perdemos, sufrimos más aun.
Esa búsqueda de la felicidad en lo externo, está relacionada con el ego y no con nuestro verdadero Ser. Genera apego a cosas que tarde o temprano perderemos y es por eso que no podremos hallar en ellas la felicidad verdadera.
No se trata de no desear nada, sino de que nuestros deseos no estén regidos por el ego. Que el fin no sea Tener algo o a alguien, sino disfrutarlo mientras podamos, comprendiendo que nada es eterno.
Miremos a los niños, tenemos mucho que aprender de ellos, tenemos que volver en realidad a aprender mucho de lo que desaprendimos.
Un grupo de niños puede ser extremadamente feliz jugando con piedras, ramas, trepando árboles, fabricando herramientas o inventando juegos compartidos. Subiendo a montañas o nadando en ríos, sin que nada de eso sea suyo.
Pero el sistema educativo formal y muchas veces nosotros mismos, comenzamos a preparar a esos niños para triunfar en la sociedad, para que tengan éxito. Y ese éxito está implícitamente ligado a lo económico, a la competencia, a lograr adaptarse bien a una sociedad que está mal.
Y es así como les vamos quitando poco a poco la posibilidad de ser verdaderamente felices. Les vamos generando deseos, necesidades materiales. Decimos que les estamos enseñando a compartir, sólo porque los obligamos a prestar un ratito "sus juguetes", pero les aclaramos que son suyos y que se los van a devolver.
Les enseñamos a competir con otros y a ganarles porque de esa forma, siendo mejores que otros, es como van a conseguir triunfar en la vida. Pero no les sabemos mostrar la felicidad que produce hacer el bien, ayudar a otros desinteresadamente. La felicidad que produce un abrazo, una caricia o cualquier acto de amor.
Las escuelas no enseñan a los niños a ser felices, no les explican como conocerse y conquistarse a si mismos. No les explican, ni tampoco nosotros lo hacemos, que nunca van a alcanzar la felicidad, si sólo se dedican a perseguirla.
Y eso es porque nosotros mismos sabemos mucho más de economía, de política, de matemáticas o de geografía que de lo que hay adentro nuestro, que de lo que verdaderamente deseamos y sentimos. Dedicamos mucho mas tiempo a conocer el exterior, que el interior. Y es así como luego tampoco tenemos las herramientas ni los conocimientos para transmitirlos a nuestros niños.
Creemos que la educación de los niños, tanto la escolar como la del hogar, debe asumir un cambio profundo. Desde hace muchos años ha estado orientada a enseñar que la felicidad se encuentra en el éxito económico, en la copetencia y está claro que la gran mayoría sólo recibimos de eso frustraciones y sufrimiento.
Es entonces hora de educar a los niños para encontrar la felicidad en las cosas intangibles, en la solidaridad, en la cooperación, en dar amor, en su propio Ser. Pero para eso, paralelamente debemos también reeducarnos nosotros en ese sentido, ya que de otra forma no podremos transmitir correctamente ese conocimiento.
El camino es largo y requiere realizar un importante esfuerzo. Pero al contrario del que venimos recorriendo, que parece más cómodo pero está plagado de sufrimiento, éste es un sendero puede ofrecernos muchas cosas buenas, por lo que creemos que vale la pena intentarlo.
Nuestro deseo para este año que está por iniciar, es que cada uno de ustedes avance en el camino de la felicidad y la paz en su interior, porque de esa forma no habrá ya lugar para otra cosa en este mundo.
Ricardo Natalichio, Director de EcoPortal.net
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